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ALTA FIDELIDAD: HIPERVÍNCULOS, ESPEJOS Y TORNAMESAS

Portada de la ediciòn Inglesa de High Fidelity



Por
Jorge Eduardo Martínez
Especial para La Moviola


Finales de Julio. Natalicio (algunos en mi caso lo llamarían ‘natal-oso’). Después de los 17, quizás antes, uno ya se acostumbra a no recibir en grandes cantidades detalles envueltos en papel crepé. El año pasado mi hermana y mi cuñado me sorprendieron con uno de estos detalles (no recuerdo si envuelto en papel crepé u otro). Se trataba de un libro que seguramente ellos debieron pensar que me gustaría, entre otras porque en su portada tiene caricaturas de un tornamesa con su respectivo vinilo, una especie de alienígena bailarín, corazones un tanto abstractos y una botella (no sé de qué, pero voy a asumir que no es de algún vino de manzana) flotando sobre el ‘downtown’ de alguna ciudad.
Debo reconocer que para la lectura tiendo a ser bastante desjuiciado e inconstante, pero también debo reconocer que si un libro no te atrapa desde la primera página, no te interesará saber qué dice la segunda. Con este libro ocurrió lo primero y cuando ocurre lo primero, aprendes. Y este libro me hizo aprender no sólo vocabulario, sino mirar bien el espejo, lecciones de vida, y, en gran parte, nombres propios que no sabía que existían, o sí sabía pero sin indagar al respecto. Por lo tanto, mi descubrimiento 2011 es Alta Fidelidad (1995) del inglés Nick Hornby.





El libro se trata justamente sobre Rob Fleming, un melómano dueño de una tienda de música de segunda, más que todo de vinilos; su novia, Laura, decide dejarlo y hacer su propia vida luego de haber conseguido un trabajo estable, y de darse cuenta que Fleming se mantendría estancado en lo mismo sin pensar en el futuro. Fleming trabaja en su negocio con Dick - un paciente y dócil personaje con una mente muy abierta y tolerante - y Barry - frenético y vehemente, con intereses en ser músico, pero sin saber tocar algún instrumento -, con los cuales constantemente están discutiendo sobre gustos musicales, debatiendo sobre quién tiene la razón a la hora de decir qué es bueno y qué es malo; para esto, se ponen a prueba entre sí creando listados de top 5, es decir, las 5 mejores canciones, los 5 mejores artistas, los 5 mejores covers, etc., y también grabando cintas recopilatorias (mixtapes) con su música favorita bajo estos mismos parámetros. Su ruptura con Laura lo motiva a preguntarse qué es lo que ocurre para que nunca haya tenido una pareja lo suficientemente estable (función que hasta el momento cumplía Laura), y así decide hacer el top 5 de las rupturas que más lo hayan devastado, con el fin de encontrar un patrón de inestabilidad, lo cual lo lleva a muchas precepciones que en su momento nunca hubiera descifrado.
De por sí, en el libro hay ciertos aspectos musicales autobiográficos, ya que Nick Hornby además de ser escritor, también ha funcionado como músico (amateur, sin embargo) y como crítico musical de la revista norteamericana The New Yorker (de hecho dos de los trabajos soñados del protagonista de la novela eran ser columnista de New Musical Express, magazín musical inglés, y ser músico, pero no de rap ni de música clásica). Hornby es entusiasta de la música en su forma más tradicional, aunque posee algo de mente abierta a la hora de hablar (bien) de grupos nuevos; esto se evidencia en la novela, ya que constantemente se mencionan glorias del rock o del soul, pero apenas llega a mencionar novedades del momento como Massive Attack y Belle & Sebastian, y sin embargo ignora propuestas relucientes como Radiohead o Moby.
Este es mi descubrimiento 2011 básicamente porque me sentí identificado en muchos aspectos, laborales, personales e ideológicos. Y para empezar a describir las razones del por qué este es mi descubrimiento 2011, voy a imitar un poco a Rob Fleming haciendo un Top 5 con las razones más relevantes que merece.

1- La música es lo más importante para un melómano. Pero no lo es todo.
La mayoría de los coleccionistas, de por sí, no solemos ser propiamente ricos, pero como los ricos, mientras más tenemos, más queremos. Por otra parte, uno como artista, se mueve en un círculo social en el cual el 95% de los temas a tratar en una reunión son sobre arte (¡ojo!, no sólo sobre música): reflexiones, disgustos, descubrimientos, intercambios de ideas, discusiones. Cuando uno se sale del círculo, uno se acuerda que no puede beber ni trasnochar porque al día siguiente hay que madrugar al trabajo, uno se acuerda que hay que comprar un saco y unos zapatos para el concierto de pasado mañana, uno se acuerda que la novia está sentida porque no quise ver esa película con ella, uno se acuerda que hay que pedir la cita al médico, uno se acuerda que hay que pagar los servicios y así sucesivamente, nos damos cuenta que como todo ser humano tenemos problemas y necesidades básicas (creo que a la final se vuelven lo mismo).
Rob Fleming acaba de terminar con su novia, pero la vida sigue. No por eso va a dejar de ir a trabajar un día y no por eso va a quedarse lamentándose preguntándose por qué ella le termino (cuando realmente en el fondo sabe muy bien porqué, sólo que no tiene el coraje para reconocerlo). Hornby nos pinta a un personaje aparentemente tosco, pero muy sensible y reflexivo que finalmente se ve envuelto en historias de amor y desamores que lo hacen ponerse a sí mismo en el paredón para descubrir qué es lo que esos desamores hacen que su personalidad tambalee. La música cumple el papel de banda sonora de su vida, de sus vivencias, de su relación con Laura, pero finalmente, la música termina haciendo parte también de su estilo de vida, en este caso, como vendedor de discos. Justamente, a través de los personajes (famosos y no famosos) que Fleming menciona en su monólogo durante las líneas, es que finalmente el lector se puede dar cuenta del tipo de persona con la cual estamos tratando, es decir Hornby pone como co-protagonista a la música y al arte en sí como si fueran éstos los que describen a Fleming.




2- La música es un factor común en todo ser humano (incluyendo a los sordos).
Si hay algún tema en común entre absolutamente todos los seres humanos, es la música: durante cualquier conversación cotidiana, en algún momento se tocará el tema de los gustos musicales, y puedo asegurar que entre dos personas siempre habrá por lo menos un cantante, un grupo, un género, o apenas una canción que a ambos atraiga. Por otro lado, la música juega un papel muy importante a la hora de involucrarse en círculos sociales, y a la hora de entablar una relación de pareja; la música, como insinué anteriormente, contribuye a forjar la personalidad de cada ser humano, y para dos personas es atrayente que entre ambos haya los mismos gustos musicales, y claro, también entran a jugar gustos gastronómicos, gustos en la forma de vestir y factores que van más allá de gustos como son ideologías políticas o religiosas (pero, eso sí, es verídico que si dos personas difieren en alguno de estos dos aspectos, muy seguramente ahí se acaba la conversación, o ni siquiera empezaría del todo).
Rob Fleming constantemente trae a colación la música, no por el hecho de ser melómano, sino porque hay canciones y hay cantantes que están asociados a momentos claves de su vida, (como la conquista de Laura cuando él era DJ), canciones que asocia a sus estados de ánimo (como sentir una enorme depresión y no querer escuchar Walking on Sunshine de Katrina & the Waves), o simplemente canciones que él escuchaba en su niñez, unas aún le gustan y otras ya no. Hornby nos plantea nuevamente la reflexión que la música que uno escucha es finalmente lo que uno es, y que como tal, no hay porqué avergonzarse si hay canciones de música de plancha que uno gusta, y al resto de nuestro círculo social no. Además, Hornby trae a colación una práctica común entre los entusiastas de la música (hoy prácticamente extinta gracias al – o ¿acaso, por culpa del? - advenimiento del CD y el MP3) y es el fabricar ‘mixtapes’ con nuestras canciones favoritas; recordemos cuando andábamos con el walkman por la calle camino a la universidad o al colegio (clandestinamente, porque en este lugar casi siempre era prohibido llevarlo), y así mismo, el ritual que representaba presionar REC/PLAY, luego de 4 o 5 minutos presionar STOP, cambiar de lado el cassette, coger un lápiz e insertarlo en una de sus ruedas sinfín y ponerlo a girar rebobinándolo manualmente. Creo que toda mi generación (y probablemente la anterior) pasó por esa etapa, algunos la recordaremos con nostalgia, otros no.



3- La historia es una biografía de Wikipedia.
Durante el transcurso de la lectura, a medida que Fleming va describiéndose a sí mismo y a los personajes de la historia, va nombrando personalidades, más que todo artistas, que han marcado su vida. Al comienzo dije que con este libro aprendí también nombres propios, los cuales me tomé el atrevimiento de anotarlos y buscar de quiénes se trataba. Me llevé una que otra sorpresa al dar con nombres cuyos logros ya conocía pero no había reparado en saber cómo surgieron. Nuevamente a lo Fleming, haré un par de Top-5 con estos personajes ‘desconocidos’ (es decir, mis mini-descubrimientos 2011):
Los 5 escritores:
A- Raymond Chandler (estadounidense): autor del género llamado ‘novela negra’.

B- Thomas Harris (estadounidense): autor de novelas de suspenso, particularmente El Silencio de los Corderos (o Inocentes como lo conocimos nosotros)

C- Peter Guralnick (estadounidense): crítico e historiador musical.

D- William Gibson (estadounidense-canadiense): autor del género ‘cyberpunk’, fue el primero en acuñar el término ‘cíber-espacio’ en sus novelas.

E- Kurt Vonnegut Jr. (estadounidense): autor de ciencia-ficción, entre otros géneros.
(Nótese la gran influencia que ha ejercido sobre Hornby la literatura norteamericana)


Los 5 personajes de las pantallas grande y chica:
A- Monty Python (ingleses): conjunto de comediantes.

B- Sylvia Anderson (inglesa): actriz de voz.

C- Susan Dey (estadounidense): actriz de televisión (más que todo). Laurie, en la Familia Partidge.

D- Sarah Greene (inglesa): presentadora de magazines televisivos.

E- Peter Greenaway (inglés): director de cine, cortos, documentales y series de televisión.


4- La versión cinematográfica es fiel a la historia.
Antes de conocer este libro, sabía de la existencia de una película, titulada de la misma forma, y sabía que era protagonizada por John Cusack. Lo sabía sobre todo porque recordaba el afiche promocional que mostraba una carátula de un vinilo (la mitad de éste por fuera de la carátula) con fotos de Cusack parodiando en cierta forma el arte del A Hard Day’s Night de los Beatles. Después de leer el libro me vine a enterar que dicha película era basada en la novela de Hornby. Sentí curiosidad de verla y debo decir que sigue bastante bien la historia planteada en el texto (obviamente como en toda película basada en algún libro, nunca se representará el texto en su totalidad). Sin embargo es una de las pocas veces que hago el ejercicio de leer el libro primero y ver la película después, y honestamente sentí que el libro me quitó el factor sorpresa de lo que representa ver cine, pero por otro lado, pienso que ver la película y leer el libro después elimina el factor sorpresa de imaginarse los escenarios, los personajes y sus características. Particularmente con esta novela, hubo muchas coincidencias entre lo que imaginé al leer y lo que vi en la película, lo cual me da por pensar que Hornby logra describir lo más detallada y completamente aquellos factores, muy al estilo de los realistas del siglo XIX (Dostoievski o Balzac).



5- Similitudes entre Fleming y yo.
No sé si habrá sucedido con los demás lectores (creo que debe haber un porcentaje mayor de ‘no’ que de ‘sí’), pero yo encontré muchas cosas en común entre el protagonista y yo, a medida que las líneas avanzaban. De nuevo me voy a remitir a otro top 5 enumerando algunas características en común entre ambos:
A- Somos melómanos.

B- Somos coleccionistas de música (se puede ser melómano sin ser coleccionista de música, pero nunca ser coleccionista sin ser melómano).

C- Nuestra película favorita es El Padrino de Francis Ford Coppola (1972).

D- Por lo menos, una novia nos ha terminado, e (incoscientemente) le hemos terminado a una de ellas.

E- Ser músico (en el caso mío lo logré, en el de Fleming se quedó en sueño).


Digamos que estas son las más obvias o superficiales, pero de igual forma Hornby logra que el lector haga una buena reflexión sobre el comportamiento personal frente a las situaciones aburridas para cada ser humano, como por ejemplo reconocer (ojalá públicamente) los errores cometidos, pero así mismo no dejarse apabullar por las circunstancias que impidan que uno sea lo que es.
Cordialmente invitados a conocer a Rob Fleming, y por su puesto, a su creador, Nick Hornby. Puede que no haya 5 razones más relevantes, pero habrá por lo menos una que hará que el lector pueda mirarse bien al espejo y como finalmente Fleming lo hizo al final: llegar a acuerdos consigo mismo y con sus circundantes.

ME SEGUIRAS ESCUCHANDO CUANDO TENGA 64? PARTE III



(SERIE SOBRE THE BEATLES)


Por
Jorge Eduardo Martìnez Garcìa
Colaborador Habitual
Especial para La Moviola




Los Beatles empezaron a recoger los frutos de sus éxitos fonográficos luego del lanzamiento de With the Beatles a finales de 1963, con el cual vendieron un poco más de un millón de copias, primera vez que algún grupo de música popular lo hiciera en el Reino Unido. Desde entonces cualquier disco de los Beatles que se pusiera al mercado, vendería más de un millón de copias, al igual que la mayoría de sus sencillos. Al mismo tiempo, luego del éxito en la radio y en la televisión local que comenzó a tener esta ‘nueva’ música, empezaron a formarse más grupos que después lograrían el reconocimiento, como los Rolling Stones, Manfred Mann, los Yardbirds, los Kinks o The Who, sólo por mencionar unos pocos de los nacientes grupos; así mismo los empresarios del espectáculo comenzaron a apostarle cada vez más al rock, de ahí que la proliferación de grupos no ocurriera en vano, ni se estancaran como meros intentos. Los Beatles, además de serlo para sí mismos, fueron el trampolín a la fama para otros músicos, que de igual manera se dejaron influenciar por el blues y el soul de los Estados Unidos. De hecho, mucha de la música que se incluyó en los álbumes de estos artistas (que si bien de entrada empezaron a mostrar material propio) poseía una enorme carga de temas de blues en su repertorio respectivo. Gracias a los Beatles, el rock como género musical se consolidó en el Reino Unido.
Pero, ¿y afuera del Reino Unido?
Recordemos ese par de pequeñas giras que los Beatles tuvieron en Alemania con Pete Best en la batería. En el historial de los Beatles no había algo más allá. En Europa, uno pensaría que por el pequeño tamaño del continente, es relativamente fácil acceder a lo que ofrezcan los países entre sí, así que no sería ardua tarea realizar giras por el continente. Pero la verdadera hazaña iba a ser conquistar la gran máquina que es la industria fonográfica de Norteamérica (más que todo la de los Estados Unidos, sin dejar de lado la de Canadá), al otro lado del Atlántico.
Para empezar, refirámonos a la filial de EMI en Estados Unidos: Capitol Records (sello fundado en 1942 por el compositor y – ocasional – cantante Johnny Mercer, centrado más que todo en musicales hollywoodenses, quien después mostraría interés en la música popular como el jazz y el rock & roll; el sello fue adquirido casi en su totalidad por EMI en 1955). Lo más lógico es que de ser distribuida la música de los Beatles en Estados Unidos y Canadá, se hiciera a través de Capitol. Pero en el principio no fue así: Capitol estaba renuente a distribuir su música por miedo a que pasara desapercibida o no tuviera el impacto necesario en ese país. Finalmente el sencillo Please Please Me se lanzó en los Estados Unidos en febrero de 1963 a través del sello Vee-Jay (luego que Epstein y las directivas de EMI hubieran intentado, sin éxito, distribuirlo a través de grandes sellos americanos como Atlantic; sin querer se estaba casi repitiendo la historia de sus primeras y fallidas audiciones para encontrar un sello discográfico que los distribuyera en el Reino Unido). Como predijo Capitol, la canción pasó desapercibida. Lo mismo pasó con From Me to You tres meses después. Vee-Jay de alguna manera tenía los derechos de las canciones de los Beatles en Estados Unidos, al ser en la práctica el único sello que se comprometió a distribuirlas en ese país. Vee-Jay era un sello de origen negro, especializado en jazz y blues que difundía únicamente artistas negros, hasta la llegada de los Beatles y (antes de ellos) del grupo de pop, los Four Seasons (del cual formaba parte el cantante Frankie Valli, a quien conocemos por canciones como Can’t Take My Eyes Off You y Grease, esta última de la banda sonora de la película del mismo nombre, de 1978) así que no es extraño pensar que la promoción de los Beatles estaba en segundo plano por ese aspecto. La inadvertencia se repitió con el lanzamiento de She Loves You en septiembre de 1963, esta vez bajo el sello Swan Records, una pequeña filial de EMI en Norteamérica. Ni siquiera el americanismo “yeah, yeah, yeah” en el famoso estribillo que abre la letra de la canción (muy criticado de por sí en Inglaterra, por su ‘incorrecta’ pronunciación y ortografía) logró que tuviera un impacto inicial fuerte en Estados Unidos, mientras que en Inglaterra, ya había logrado el millón de copias el mes anterior. Desesperados por la falta de interés por el grupo en los Estados Unidos (especialmente por parte de Capitol) Brian Epstein les encomendó a Lennon y a McCartney hacer una canción que tuviera el potencial para lograr dispararles el éxito en Norteamérica. Concienzudamente, Lennon y McCartney tomaron como ‘cuartel general’ para sus composiciones, el hogar temporal de McCartney, la casa de Richard y Margaret Asher (cuya hija, Jane – actriz de teatro –, sería la primera esposa de McCartney). I Want to Hold Your Hand fue presentada a George Martin en octubre de 1963, grabada el mismo mes y prensada y lanzada el mes siguiente. El impacto que causó en el Reino Unido fue tan impresionante que finalmente Martin, Epstein y las directivas de EMI lograron convencer a Capitol para que lanzara el sencillo en Estados Unidos. Inicialmente se iba a lanzar a mediados de enero de 1964, pero Capitol se enteró (a través de un anuncio de la canción en un programa radial de Washington D.C.) de la demanda de algunos fanáticos de los Beatles en Estados Unidos por tener la canción en sus manos, entonces varias copias de Parlophone fueron importadas a Estados Unidos, así que Capitol decidió apurar el lanzamiento del sencillo, y se realizó después de Navidad, finalizando diciembre de 1963. Para sorpresa de Capitol, la demanda fue impresionante, logrando también vender cerca del millón de copias en Estados Unidos.
La importancia de I Want to Hold Your Hand radica no solo en ser la primera canción de los Beatles en alcanzar el tope de las listas radiales al tiempo en Inglaterra y en Estados Unidos. Bien se sabe que la gran mayoría de las canciones originales de los Beatles aparecen acreditadas a ‘Lennon/ McCartney’ (algunas primeras de ellos a ‘McCartney/ Lennon’), pero en general eran canciones compuestas por uno de los dos sólo, con una muy leve ayuda del otro para terminar un verso o meterle un puente o un estribillo en medio de la canción. Esta es una de las pocas canciones que fue literalmente compuesta por ellos dos juntos. Ambos coinciden al decir que fue genuinamente un trabajo en comandita, con todo el empeño y energía, con el fin de alcanzar la meta que Epstein les retó y que eventualmente lograrían. Además, por otro lado, fue la primera grabación en la cual utilizaron una consola de 4 canales, con la cual se podía hacer una mejor mezcla entre los instrumentos y las voces (al principio de su carrera grababan en consolas de 2 canales, uno para los instrumentos y otro para las voces). Con esto, la parte instrumental bien podía ser grabada en bloque – o no-, utilizando un instrumento para cada canal (guitarra líder, guitarra rítmica, bajo y batería), juntándolos en una primera pre-mezcla, para luego añadir las voces, una para cada canal, haciendo una segunda pre-mezcla, y finalmente uniéndolas en una sola mezcla. George Martin sería un maestro en el manejo ‘multicanal’ de las consolas de 4 canales, haciendo pre-mezclas hasta de 16 canales, algo que se evidenció en los discos de los Beatles entre 1966 y 1967.
I Want to Hold Your Hand fue la canción que finalmente les dio el éxito a los Beatles en Estados Unidos, y fue Capitol el que, sin darse cuenta, dio origen a la ‘invasión británica’, pues los demás sellos también se irían por la apuesta de otros grupos ingleses con potencial de éxito. I Want to Hold Your Hand es la canción por la cual los ya mencionados Rolling Stones, Yardbirds, Kinks y demás grupos ingleses hayan alcanzado la fama en Estados Unidos. Finalmente, I Want to Hold Your Hand es la canción que le devolvería el estatus al rock en Estados Unidos, estatus que se había perdido a finales de la década del 50.
Por fin Capitol cedió y empezó a editar el material de los Beatles en LP’s, pero como solía ocurrir en aquellos días (incluso en nuestros días en muy pocos casos), los LP’s americanos no serían iguales a los ingleses en cuanto al manejo del repertorio. Por ejemplo, ni Please Please Me ni With the Beatles existirían en el mercado norteamericano. En vez de eso el primer LP de los Beatles en Estados Unidos se tituló Meet the Beatles (1964) que en su portada tenía la foto de Robert Freeman para el With the Beatles inglés, pero esta vez con un tono azuloso, y no blanco y negro como el original. Lo integraron canciones de los dos LP’s ingleses, pero lo más interesante es que el LP lo abre I Want to Hold Your Hand, que en Inglaterra únicamente se había prensado como sencillo, sin la intención original de ponerlo a formar parte de algún LP. Esto molestó a los Beatles, ya que Harrison alguna vez declaró que ellos le ponían mucho empeño al manejo del repertorio y hasta al orden en el que debían ir las canciones para cada LP, como para que Capitol hiciera lo que se les antojara deliberadamente. Hubo canciones de LP’s ingleses de nunca aparecieron en LP’s americanos, sino en recopilaciones posteriores a la ruptura del grupo, pero así mismo canciones que no aparecían en LP’s ingleses (como el caso de I Want to Hold Your Hand) formaron parte de los americanos. Además, Capitol utilizaba también algunas mezclas alternas a las conocidas en Inglaterra y tenían la tendencia de añadirles más eco a las canciones, lo cual hace que esas mezclas sólo estuvieran disponibles en Estados Unidos. Para los fanáticos de Inglaterra, esto en cierta forma poseía cierto atractivo, lo cual hizo que los LP’s americanos de los Beatles empezaran a poseer un gran valor en Inglaterra (y viceversa), justamente porque contenían versiones nunca antes editadas en Inglaterra. Este factor haría pensar que la venta de discos de los Beatles se duplicaría en la medida que los fanáticos querrían poseer las copias originales inglesas junto con las nuevas mezclas americanas. Y hay que añadir otro factor: en esta época los discos se lanzaban en versiones estéreo y mono, y en el caso de los LP’s de los Beatles (tanto ingleses como americanos), las versiones monofónicas son más buscadas que las estereofónicas, no porque sean menos comunes, sino porque Harrison – nuevamente – afirmaba que los Beatles ayudaban a guiar al ingeniero de sonido para lograr la mezcla que ellos esperaban obtener de sus grabaciones basándose en la mezcla monofónica, mientras que para la estereofónica, ellos prácticamente nunca atendían el estudio y le dejaban el libre albedrío al ingeniero, por lo tanto, dejando diferencias entre las mezclas monofónica y estereofónica. Entonces en ese orden de ideas, ya no se duplicarían sino se ‘cuatriplicarían’ las ventas de sus LP’s.
Otro factor que incrementó la ‘invasión británica’ fueron las apariciones que los Beatles hicieran entre 1964 y 1965 en el show de Ed Sullivan. Se decía que aparecer en un episodio del show era sinónimo a catapultarse a la fama internacional. Los Beatles aparecieron en tres episodios, abriendo y cerrando cada uno, anunciados como el ‘plato fuerte’, luego del sorpresivo éxito en la radio estadounidense. Para este momento Capitol puso a la venta el Second Album (1964) en Estados Unidos. Nuevamente, era una mezcla de canciones de sus primeros LP’s y de un EP que estaba próximo a salir en Inglaterra.
Pero el vender discos no fue lo único que hizo que la fama de los Beatles se extendiera. Al igual que uno de sus máximos ídolos, Elvis Presley, los Beatles también capitalizaron su naciente fama internacional a través del cine. A Hard Day’s Night (1964) fue la primera entrega de un par de películas que, básicamente, enseñaría a la gente una parte de la vida de estos cuatro jóvenes, mezclando en cierta forma su agitada vida artística con una parte de su vida personal. A Hard Day’s Night era, básicamente, una especie de documental (ya que lo ficticio en esta película es realmente muy poco) sobre un día cualquiera en una gira de conciertos, comenzando desde la salida de una ciudad para llegar luego a la correspondiente, hasta la realización del respectivo concierto (en este caso un programa de televisión) en el cual durante este lapso (prácticamente un día entero) muestra la imposibilidad de estos jóvenes de tener una vida común y corriente sin pasar desapercibidos entre la gente, por ende, sin poder caminar por la calle o conocer la ciudad con toda tranquilidad. Richard Lester fue su director y en general realizó una buena labor (aunque a mi juicio, no tanto con los cuatro muchachos como sí con los demás actores), con un inglés muy ‘liverpooliano’ difícil, en cierta forma, de entender para quien esté acostumbrado al no tan estilizado inglés americano. Durante la grabación de esta película, Harrison conocería a su futura esposa, Patti Boyd.
Si bien para la banda sonora de la película (obviamente) se utilizó la música de los Beatles, hubo aportes por parte de George Martin al hacer versiones instrumentales orquestales de algunas de las canciones de los Beatles. Poco después del lanzamiento de la película se lanzó su banda sonora – titulada igualmente, A Hard Day’s Night (1964) -, pero en la versión lanzada en el Reino Unido por Parlophone, se incluyeron únicamente canciones interpretadas por ellos (la gran mayoría, específicamente como banda sonora para la película), mientras que en la versión norteamericana (que esta vez no fue sello Capitol, sino United Artists, quienes mantuvieron sus derechos al ser los distribuidores de la película) incluía parte de estas versiones orquestadas por Martin dejando por fuera algunas canciones del álbum original. Tanto para la versión inglesa como la americana, A Hard Day’s Night fue el primer álbum de los Beatles (y probablemente de cualquier artista de rock) en poseer un repertorio enteramente compuesto por sus integrantes (en este caso todas de Lennon y McCartney). En este álbum Harrison utilizaría por primera vez una guitarra de 12 cuerdas, y su sonido sería influencia en varios guitarristas, sobre todo de folk rock. Al poco tiempo en Estados Unidos, Capitol ponía a la venta el tercer álbum americano de los Beatles, Something New (1964) siguiendo el mismo procedimiento de los anteriores.
Sin embargo, además de crear la banda sonora para su película, los Beatles empezaron a componer nuevo material, de alguna manera bajo la presión de mejorarse con respecto a los anteriores. A finales de 1964 ensamblaron el Beatles for Sale, álbum en el cual ya empiezan a mostrar cierta madurez en sus canciones, aunque no dejaban de lado sus temas ‘sosos’ de amor, como Eight Days a Week, que fue quizás la primera canción de música popular que comenzaba con un ‘fade-in’, es decir, comenzaba con el volumen muy bajo hasta hacerse auditivamente fuerte, en cuestión de segundos. Los Beatles ya empezaban a madurar no sólo en la forma de hacer letras, sino musicalmente también. Ya eran músicos experimentados en el estudio de grabación y empezaban a utilizar varios recursos sonoros en sus grabaciones como los efectos en la guitarra eléctrica. Es el caso de la canción I Feel Fine, sencillo de noviembre de 1964 que no apareció en algún LP inglés y que comenzaba con un feedback en la guitarra de Harrison, efecto encontrado por accidente pero muy efectivo a la hora de dar un primer impacto al oyente, para luego desembocar en un riff repetitivo durante toda la canción. Al mismo tiempo en esta canción ya se oye a un Ringo Starr más amolado con su batería, con una influencia tomada directamente (la verdad, para mí es clarísima) del What’d I Say de Ray Charles (para referencia, es la canción que abre la película biográfica Ray de Taylor Hackford). Incluso, la fotografía de Robert Freeman que tiene como portada el Beatles for Sale ya muestra a unos Beatles más serios, más adultos. Se dice que esto en parte se dio gracias al encuentro entre los Beatles y Bob Dylan, quien, además de introducirlos al cannabis, les abrió la mente un poco al introducirles sus ideas intelectuales, socialistas y políticas. Este factor se reflejaría en algunas de sus letras posteriores, pero creo que se evidenció más en la forma de crear y grabar música.



CONTINUARA...

me seguiras escuchando cuando tenga 64? PARTE II




PARTE II


Por
Jorge Eduardo Martìnez
Especial para La Moviola



Gracias a la pericia y la insistencia (y al dinero) de Brian Epstein, los Beatles lograron conseguir una audición para la Electric and Musical Industries (EMI), una compañía de grabaciones existente desde 1931, centrada más que todo en música de academia, a su vez manejadora de varios sellos, entre ellos el sello de origen alemán Parlophone (inicialmente deletreado Parlophon), que en la década de los 50 era un sello centrado en jazz y en álbumes de comedia (se decía que este sello estaba a punto de ser liquidado antes de la llegada de los Beatles a EMI). Su encargado, el músico inglés George Martin, fue quien oyó a los Beatles y notó el potencial que tenían esos cuatro jóvenes de Liverpool, así que decidió darles la oportunidad, y asumió su labor como productor de sus discos. Pero Lennon, McCartney y Harrison desde hacía cierto tiempo querían tener a Ringo Starr en su nómina, así que la decisión de que Pete Best se fuera del grupo ya estaba tomada (además, incitados por las quejas de Martin, respecto a los dotes percusivos de Best). Le tocó a Brian Epstein darle la noticia (sin él querer hacerlo), y esto haría que mucha de la fanaticada local que los Beatles tenía en ese momento se cambiara de bando (en parte porque ellos consideraban a Best mucho mejor baterista que Starr, y en parte porque – la fanaticada femenina consideraba que – Best era el mejor parecido entre los cuatro, convirtiendo a Starr en el ‘más feo’ de los cuatro).
Fue George Martin quien ‘pulió’ el estilo de los Beatles, dándoles un nivel un poco más elevado de sofisticación. Era poco común que en algún grupo musical popular con dos cantantes, ambos cantaran al unísono (es decir, los dos cantantes haciendo exactamente la misma línea melódica en la misma tesitura), algo que Lennon y McCartney eventualmente harían magistralmente; antes se escuchaban duetos vocales como los Everly Brothers, en el cual uno cantaba una segunda voz en un intervalo de tercera más abajo de la melodía principal. Pero los Beatles no solamente se limitaron a hacer unísonos ni terceras en las voces. Martin se arriesgó a que las segundas voces se abrieran un poco más de la melodía principal, dejando de lado los paralelismos (ambas voces moviéndose en la misma dirección constantemente), incluso los Beatles hicieron armonías vocales a tres partes, incluyendo a Harrison dentro de la nómina vocal. Otro detalle interesante es que en los Beatles, los cuatro eran cantantes. Además de las habituales voces de Lennon y McCartney (varias veces a dúo, otras veces por separado), Harrison siempre cantaba las canciones de su autoría, y le daban la oportunidad a Starr de plasmar su voz en por lo menos una canción de cada LP.
Martin era un perfeccionista (como solemos ser los músicos de academia), y no solamente se vio su trabajo en cuanto a las voces, sino que de alguna manera logró que cada uno encontrara su propio estilo en el dominio de sus instrumentos respectivos.
Si bien Lennon, McCartney y Harrison venían de haber compartido escenario desde The Quarrymen como guitarristas, Harrison, siendo el menor del cuarteto, era un guitarrista un poco más experimentado y en cierta forma perspicaz en ese aspecto: conocía escalas, acordes, sabía cómo hacer conducciones de voces, mientras que Lennon salía muy rara vez de los acordes. Siempre se ha dicho que los solos que hizo Harrison en las canciones de los Beatles eran solos concisos, sin notas de más, sin un grado de dificultad descrestante, pero concebidos con gusto. Por eso, Harrison, fue acreditado en el primer álbum de los Beatles Please Please Me (1963) como el guitarrista líder. Si bien, McCartney tenía cierto bagaje musical (ya que su padre, trompetista y pianista de jazz, le enseñó a dominar un poco la trompeta y el piano, y lo impulsó en un principio a tomar lecciones de música), sus dotes como bajista las desarrolló apenas Stuart Sutcliffe decidió quedarse en Alemania, luego de la primera gira a Hamburgo. Su estilo no se limitó a hacer dos o tres notas, dependiendo del acorde: eran líneas melódicas con cierta influencia en los bajos caminantes del jazz (gracias a su padre) que complementaban bastante bien con la guitarra rítmica de Lennon; McCartney sería con el paso del tiempo quien llegaría a mostrar cierta dominancia en el grupo en cuanto al manejo de los instrumentos, habiendo incluso temas en los cuales el 75% de la instrumentación estaría a cargo de él solo. En ese sentido, Lennon le pisaba los talones. Su madre le había enseñado los acordes básicos en la guitarra y además le enseñó a dominar el banjo; si bien su labor instrumentista al comienzo de la carrera de los Beatles casi no se extendió a otra cosa distinta a tocar la guitarra rítmica acompañante, era sólido y tenía carácter a la hora de llevar el rimo de las canciones, pero además, la destreza que desarrolló con la armónica, sería clave en el estilo que cultivaron en sus primeras grabaciones. Starr por su parte, era el menos experimentado en cuanto a bagaje musical – en alguna película sobre los Beatles, había una línea en el parlamento del personaje de Starr referente a lo que respondió cuando lo invitaron a formar parte del cuarteto: “pero si yo no sé tocar ni siquiera una puerta” -. George Martin decía que Starr “le pegaba bien y fuerte, tenía un tempo perfecto, pero no podía salvar su vida con un roll”. El mismo Starr se acomplejaba por no ser un buen baterista en un principio, pero a mi modo de ver, ese carácter ‘agreste’ en las primeras grabaciones de los Beatles, fue un factor importante a la hora de forjar la identidad del cuarteto.
Dentro de ese perfeccionismo de George Martin, estaba la extensa grabación de varias tomas de alguna canción, hasta escoger la que más se acoplara a lo que Martin quería: el perfecto unísono de las voces, la entrada perfecta de la batería, el mejor acompañamiento de la guitarra rítmica, la línea de bajo que más se complemente con las voces y las guitarras; en fin, en las grabaciones de los Beatles no hay imperfecciones, pues Martin hace gala de una enorme paciencia para lograr el producto perfecto, el producto que, no sólo cualquier crítico musical pueda exaltar, sino la satisfacción hacer algo bien hecho y de calidad. Probablemente por eso los LP’s de los Beatles no son numerosos (entre 1 o 2 discos por año), a comparación de la cantidad enorme de material que grabaran los Rolling Stones en los 60, con la cual podían sacar al mercado fácilmente 3 discos por año, pero en sus producciones encontramos voces ligeramente desafinadas o ‘destiempos’ entre los instrumentos e incluso desafinación entre algunos de éstos.
Pero si los grupos de guitarras ya habían pasado de moda (como se sugirió en Decca), ¿Cómo es que desde el primer momento tuvieron ese monumental éxito? Era algo que iba más allá de lo musical.
Brian Epstein era un hombre con una vida sin complicaciones (por lo menos por fuera, porque siempre tuvo problemas internos debido a su homosexualidad), que le gustaban las cosas buenas de la vida y tenía cómo acceder a ellas. Si bien George Martin pulió a los Beatles musicalmente, Brian Epstein les pulió la imagen, no volviéndolos como él, pero sí haciendo de ellos ‘versiones mejoradas’. Inspirados por la forma como Astrid Kirchherr le cortó el cabello a Stuart Sutcliffe cuando se comprometieron en Alemania, ellos dejaron de lado la gomina y se dejaron caer su pelo por la frente; dejaron las chaquetas de cuero y los jeans para lucir pantalones de paño entubados, corbatas y blazers oscuros, además de zapatos de tacón y punta larga, lo que a primera vista (recordemos cómo todavía todo entra por los ojos) los mostró elegantes, bien presentados, mas no adultos. Epstein los llevaba a comer a restaurantes elegantes, los reunía con gente importante, y además con el buen sentido del humor que caracterizaba a los cuatro, lograban entrar muy bien en los círculos sociales, algo que se notaba mucho en las ruedas de prensa que brindaban.
Por otro lado, el arte de los discos era algo muy bien pensado por parte de los diseñadores y fotógrafos. Comenzaron a trabajar con Robert Freeman en 1963 (una asociación que duraría hasta comienzos de 1966), quien es justamente el autor de la icónica fotografía que dio a conocer su segundo LP, With the Beatles (1963), una fotografía en blanco y negro que los mostraba en primer plano con un fondo oscuro, sacos negros de cuello tortuga y una iluminación que prácticamente sólo dejaba registrar a la cámara el lado derecho de sus rostros. Sus portadas con el tiempo serían objeto de parodias o imitaciones, cosa que también ayudó a extender la popularidad del cuarteto. A toda costa, Epstein hizo lo posible para que sus apoderados veinteañeros se vieran como un grupo ‘de confianza’. De alguna manera las labores de Martin y Epstein lograron que una cosa fuera en relación proporcional con la otra.

Centrándonos en lo musical, la influencia que recibieron por parte del rock & roll, el blues y el soul de los Estados Unidos, fue un factor clave en la acogida de su música, no sólo por versiones que hicieran de otras canciones conocidas, sino porque también se inspiraron para hacer sus propias canciones (algo que ya venían haciendo desde los tiempos de The Quarrymen). Pero, recordando a mi colega, sus letras eran ‘bobas’, o ¿acaso hay un mensaje profundo al escuchar a Lennon y McCartney cantar: “Love, love me do. You know I love you. I’ll always be true. So, pleeeeeeeease, love me do”? No creo. Pero recordemos la reputación del rock en ese momento (sobre todo con una canción con tanta influencia rocanrolera como “Love Me Do”) como la música para los adolescentes de 15 y 16 años que andaban, bien en plan de conquista y de ir a las fuentes de soda a tomar malteada con el hombre o la mujer que amaban, o bien en plan de ir a pasarla bien con su grupo de amigos y tomar cerveza a escondidas de los papás. Y además recordemos que los Beatles estaban es sus recién cumplidos veinte años y también de alguna manera sus canciones se volvían autobiográficas (aunque para ese momento Lennon ya había formalizado su relación con Cynthia Powell, y Starr estaba a punto de hacerlo con Maureen Cox). Estas canciones hicieron que la mayoría de su fanaticada estuviera conformada por personal femenino, que mostraba su frenetismo al verlos salir a escena en algún concierto, o saliendo de algún lugar. Justamente, si uno observa las fotografías que Robert Freeman tomaba en los conciertos de los Beatles, aproximadamente de cada 15 personas que se ven en el público, sólo 1 era un hombre.
De hecho, desde el comienzo de sus grabaciones ya se resaltaba el talento como compositores de la dupla Lennon/ McCartney: 8 de las 14 canciones que conformaron el Please Please Me, fueron de su autoría, algo que se repitió con el With the Beatles, sólo que entre las 8 originales, una era de George Harrison, quien se comenzaba a perfilar como un buen compositor de canciones; volviendo al tema de las versiones que hacían de otros artistas, la particular influencia que recibieron del rock & roll y del soul, se evidenció en versiones como el “Twist and Shout”, que originalmente popularizaran los Isley Brothers en 1962 (quienes a su vez se volvieron difusores del sonido funk de los 70), y la versión del “You Really Got a Hold on Me” de los Miracles, uno de los grandes éxitos del sonido Motown; recurrieron al uso un tanto sofisticado del lenguaje, con frases como “please please me like I please you” que en español se traduciría “por favor compláceme como yo te complazco”, un gran ejemplo de cómo una misma palabra puede significar dos cosas distintas, o una frase como “it’s been a hard day’s night” cuya compleja traducción al español sería algo así como “ha sido la noche de un día pesado”, frase que según Lennon comentaría, fue una acotación de Starr respecto a una pesada sesión de grabación de la película de Richard Lester A Hard Days Night (1964), eran frases constantes en la forma de hablar de Starr que Lennon bautizaría ‘ringoísmos’, y que de alguna manera servían de inspiración para varias de las canciones de Lennon y McCartney.

Esto es en parte lo que iniciaría su popularidad a comienzos de los 60, pero lo anteriormente disertado no es suficiente como para decir que casi 40 años después sigan teniendo la vigencia de la cual actualmente gozan los Beatles. En el próximo número continuará otra parte de la respuesta a la gran pregunta.



CONTINUARA.......

AMY, AMY, AMY: LIFE IS A WINNING GAME




Por
Jorge Eduardo Martinez
Especial para La Moviola




La primera vez que escuché a Amy Winehouse, fue al mismo tiempo la primera vez que la vi. Una mañana de finales de 2007, pasaba canales en la televisión, y me detuve un momento en VH1, mientras mostraban videos de música nueva. Cuando se acabó el video que transmitían en ese momento, aparece una mujer recostada en una cama, la muestran en primer plano, con un aspecto físico que lo primero que hizo fue recordarme a Fran Fine (el personaje que la actriz americana Fran Drescher encarnara en la serie de comedia ‘The Nanny’ en la década de los 90’s, notoria por su estrafalaria vestimenta, su labial profundamente rojo y su abundante cabellera a veces adornada con un capul o un copete), y mirando a la cámara comienza a cantar: “They tried to make me go to rehab and I said No, No, No”. Apenas pronunció esa frase me vi obligado a seguir viendo el resto de la trama. Quedé atrapado. Al final del video memoricé bien su nombre para investigar sobre ella. Me llevé una –grata- sorpresa al enterarme que no era norteamericana sino inglesa, ya que su sonido (el de su voz y el de la banda que la acompañaba) me transportó automáticamente a los artistas de soul de los años 60 en Estados Unidos; si bien Inglaterra ha mostrado artistas de soul y rhythm and blues como Dusty Springfield en los años 60 y 70, y Joss Stone desde la década pasada, en ese país ha prevalecido a través de los años el rock en todas su vertientes (progresivo, indie, alternativo), la música electrónica, el synthpop y el trip-hop.


Cuando la conocimos, muchos pensábamos que era en efecto una nueva artista, como lo sugirió VH1 en esa franja (y como lo ‘demostraría’ después la Academia de Artes y Ciencias de la Grabación al otorgarle el premio Grammy a la Mejor Nueva Artista en 2008), pero gracias a una querida colega y amiga (fanática de Winehouse también) me enteré acerca de una primera grabación de la artista, lanzada en 2003 en Inglaterra, y al mismo tiempo me enteré de la enorme influencia del jazz que prevaleció en esa grabación, por encima del soul.


En efecto la carrera artística de Winehouse comenzaría en 2002 a sus 19 años, cuando directivas de la compañía 19 Entertainment (los mismos encargados de manejar los talentos de American Idol) empezaron a desarrollar su estilo, pero Darcus Beese, escuchó un demo que ella grabó, e hizo hasta lo imposible para que ese gran talento perteneciera al sello disquero del cual era representante: Island Records – sello inglés fundado en Jamaica (siendo ésta una colonia británica) en 1959, originalmente difusor del ska (Don Drummond, Desmond Dekkar, The Maytals), para luego adentrarse en otros géneros como el rock progresivo (Traffic, King Crimson, Emerson, Lake & Palmer), el reggae (Bob Marley, Jimmy Cliff, Third World), el folk rock (Cat Stevens) y el rock alternativo (U2, The Cranberries) –. Habiéndolo logrado, comenzaron a trabajar con diversos productores, entre ellos el teclista (multi-instrumentista) norteamericano Salaam Remi, quien sería uno de los pilares en la búsqueda del sonido característico de la música de Winehouse durante sus casi 10 años de carrera. Prácticamente bajo su guía, sale al mercado en 2003 ese primer álbum, ‘Frank’, titulado en honor a su perro mascota. Continuó su carrera con el mismo sello, con Remi, y con la guía de otro productor, Mark Ronson. Bajo la batuta de ellos dos (separadamente) sale al mercado en 2006 su segundo disco, ‘Back to Black’. Si bien ‘Frank’ logró causar un gran impacto en su país por la sonoridad tan ‘negra’ y tan ‘americana’ que brindó con una voz y con composiciones muy de ella (salvo dos temas), ‘Back to Black’ le daría el reconocimiento internacional, porque en esta grabación se le oye más apropiada del género, del sentimiento y de la esencia de la música negra americana, desde las letras y desde la música misma, pero pensaría yo que todo esto se dio principalmente por ser una artista tan joven, tan auténtica y tan consciente de su talento.

Pero, ¿cómo una joven blanca e inglesa supo apropiarse tan bien de dos de los géneros musicales de origen negro más importantes de Estados Unidos, que, por lo menos territorialmente, no le pertenecen? Continuaré centrándome en la artista que cautivó al mundo entero con su ser, con su voz y sus canciones, más que en la problemática persona que los medios de comunicación (muchas veces malintencionados) se encargaban de enseñarnos en sus primicias y sus fotografías.
Todo comienza desde su niñez, en una época en la cual en Inglaterra el synthpop acaparaba las emisoras y los canales musicales a través de Depeche Mode o Duran Duran, el rock alternativo de U2 criaba a un gigantesco monstruo con el que aún causa estragos mundialmente, y en cuartos cerrados, grupos como Massive Attack y Radiohead empezaban a gestar lo que daría un vuelco a los estándares musicales en los 90’ a través del trip–hop y el indie rock, respectivamente. Su madre, Janis, le inculcaba el gusto por el jazz, y su padre, Mitchell, le introducía a Frank Sinatra (a su vez intérprete de reconocidos estándares de jazz). Se aprendía las canciones de tanto cantarlas con su padre y, según cuenta Janis, en el colegio le llamaban la atención por cantarlas en plena clase. Sus padres se separaron cuando Winehouse tenía 9 años. Janis la describía como una niña muy alegre, pero tímida al mismo tiempo. A los 10 años, con su amiga Juliette Ashby, formó un grupo de rap. Al respecto Winehouse explicaba al sitio web AskMen.com: “mi amiga y yo adorábamos a Salt ‘N’ Pepa, entonces formamos una banda llamada Sweet ‘N’ Sour, teníamos un tema llamado ‘Spinderella’, que era grandioso… pero eso fue hace mucho tiempo”. Si bien esta banda no duró más de un año, las ganas de estar en los escenarios no se detuvieron con ese intento. Por sugerencia de su abuela, Winehouse recibió clases en la Escuela de Teatro Susi Earnshaw durante cuatro años, antes de entrar a la Escuela de Teatro Sylvia Young, de la cual se dice que fue expulsada por ponerse un piercing en la nariz. A los trece años le regalaron una guitarra, con la cual empezaría a escribir canciones y a desarrollar su inicial talento como cantante. Si bien su talento como guitarrista se percibe en sus grabaciones en estudio, no es propiamente una habilidad que se haya resaltado en su carrera; justamente, en muchos videos (la mayoría aficionados) de presentaciones de bajo perfil, se puede ver cómo ella con la guitarra, es su misma banda acompañante. “Creo que empecé a componer canciones a los 15 años (…), no empecé realmente a golpear las puertas de compañías disqueras o algo así. Escribí algunas canciones y empecé hacer algunas presentaciones”, comentaba Winehouse a Access All Areas en 2006.


Para el momento en que sale al mercado el primer álbum de Winehouse, Darcus Besee declaraba a la prensa en 2004 acerca del descubrimiento de Winehouse que “ha habido en los últimos 2 o 3 años una reacción hacia los realities musicales (…) que han vuelto a la gente hambrienta de jóvenes talentos; en el transcurso de esas reacciones estamos viendo artistas genuinos empezando a relucir ahora mismo. Estos artistas no son el modelo pop, que intentan penetrar el Top 5 cuantas veces sea necesario y vender álbumes basándose en eso.”


Amy Winehouse fue una artista que desde el comienzo sabía cómo conquistar su público, sabía qué podía ofrecer y cómo hacerlo. Pienso que su arma más poderosa fue su voz. Una voz con un registro amplio, en el que prevalecían sus potentes notas graves, pero que sin ningún reparo o esfuerzo alcanzaba (también potentes) notas agudas, un timbre muy particular específicamente hecho para cantar con el alma, alegremente o tristemente, pero con el alma al fin y al cabo. Al escuchar sus canciones no me queda duda que ella sabía qué hacer con su voz, pues ninguna canción le sonaba igual, sabía cómo utilizar su timbre, su registro y sus matices de acuerdo a sus letras, con el fin de darles el significado y sentimiento requerido.


Por otro lado, en público se mostraba como una persona común y corriente: en sus conciertos tosía, estornudaba o aclaraba su garganta como cualquier persona en su vida cotidiana; en sus entrevistas se mostraba como una persona alegre, sencilla, humilde, pero al mismo tiempo muy segura de lo que podía hacer y crear; en sus videos nunca utilizó el sexo como recurso para llamar la atención, por el contrario, simplemente miraba fijamente a la cámara, algunas veces esbozaba sonrisas, caminaba por la calle, no precisamente como una modelo de pasarela, o simplemente la veíamos sentada sobre las escaleras de la entrada de alguna casa. Al comienzo de su carrera, para las épocas de ‘Frank’, se mostraba como una mujer bien vestida, prolija, algunas veces muy bien peinada, otras no tanto, su maquillaje no muy recargado; posteriormente, para ‘Back to Black’, se había vuelto más rebelde, más agresiva, vimos unos tatuajes en sus brazos que antes no existían, su vestimenta en general era más ‘descuidada’, lucía su ya famoso ‘panal de abejas’ sobre su cabello y su maquillaje al estilo de Cleopatra, ambos herencia de los grupos de sólo mujeres de los 60 que tanto amaba ella (particularmente las Ronettes, el trío vocal femenino que estuviera comandado por Phil Spector a comienzos de los 60, años antes de meterse con The Beatles).


Su debut discográfico ‘Frank’ de 2003, contenía 13 canciones (15, si se tiene en cuenta que la que cierra el álbum, son tres en una) de las cuales sólo 2 son covers. Es un disco fuertemente cargado de jazz, en el cual confluyen también el soul, el pop y el trip-hop. Por su canción ‘Stronger than Me’, recibió el premio Ivor Novello a la Mejor Canción Contemporánea Lírica y Musicalmente en el año 2004. Al respecto, Winehouse comentaba, “Los Ivor Novello son para escritores de canciones, y eso es lo que soy yo. No estoy tratando de ser la mejor dama, sólo trato de escribir canciones”. Para su segundo trabajo ‘Back to Black’ da un giro a su identidad sonora y decide hacer una semblanza de los grupos femeninos de soul de la década del 60, adoptando la esencia y la sonoridad particular de esa época, incluso a tal punto de utilizar interpolaciones de canciones como ‘Ain’t No Mountain High Enough’ de Marvin Gaye y Tammi Terrell grabada en 1967, cuya parte instrumental fue utilizada casi en su integridad para uno de los mayores éxitos de Winehouse, ‘Tears Dry on Their Own’.



Algo que me llamó la atención de Amy Winehouse cuando VH1 me la presentó en aquel 2007, era esa particular sonoridad tan reminiscente al soul de la década de 1960: canciones muy rítmicas, énfasis en los instrumentos de viento, fills de batería bien definidos y consistentes, líneas de bajo constantes, básicas, pero bien puestas, uno que otro arreglo de cuerda sobrio y discreto y coros de fondo al mejor estilo de los grupos de Motown, junto a las virtuosas voces de los cantantes (Aretha Franklin, Otis Redding, Diana Ross, Stevie Wonder, Sam & Dave) provenientes de una escuela góspel, en la cual entregaban el alma para cantar alabanzas a Dios, pero al volverse profanos, le entregaban el alma a sus penas y sus alegrías. Durante los 60, muy pocos cantantes de soul eran los mismos compositores, mas se apropiaban de las letras para hacerlas suyas. El caso de Amy Winehouse era distinto, porque eran sus letras, sus vivencias, era su propio sentimiento, ella canta desde su perspectiva propia, lo cual la hace más sincera (por decirlo así) al contar – o cantar – una historia.


Justamente Winehouse escribía todas sus letras, la mayoría autobiográficas. Para ello hacía gala de un muy buen uso de las rimas consonantes en sus versos. En ellos encontramos palabras que no son del uso común en el lenguaje, como en la canción ‘You Sent Me Flying’, en la cual utiliza la palabra ‘kerb’ en vez de ‘curb’ (refiriéndose al andén de una calle) o la palabra ‘tee’, abreviando la palabra ‘t-shirt’ (camiseta), para justificar precisamente esas rimas:
“And although my pride is not easily disturbed,
You sent me flying when you kicked me to the kerb.
With you battered jeans and your beastie tee,
Now I can’t work like this with you next to me.”

En casi todas sus canciones Winehouse cantaba en primera persona, lo cual enfatiza más el hecho que sus canciones sean autobiográficas, y que a mi concepto hace más fuerte al alma cantar sobre sí mismo cuando se tienen penas de amor, tema recurrente en sus letras. En ellas hablaba de la infidelidad (‘Just Friends’, ‘I Heard Love Is Blind’), de la rabia (‘Take the Box’, ‘Stronger than Me’), de la resignación (‘Tears Dry on Their Own’, ‘Back to Black’), de la gente (‘Fuck Me Pumps’), incluso dedicó líneas a su lado libidinoso (‘Amy, Amy, Amy’) y también hablaba sin tapujos de su adicción a las drogas y al alcohol (‘Addicted’ y ‘Rehab’, respectivamente).

Desde 2010 se rumoraba la llegada de un tercer álbum de la cantante, el cual sus fanáticos esperábamos con ansia, sobre todo después del lanzamiento de dos álbumes totalmente distintos, ambos de una calidad lírica y musical grandiosa. Álbumes distintos incluso en su duración, ya que ‘Frank’, si hubiera tenido un minuto y medio más de música hubiera durado la hora entera, mientras que ‘Back to Black’, que tenía dos canciones menos que su antecesor, ni siquiera llegó a los 40 minutos. De ambos álbumes han salido ediciones de lujo, ambas contienen dos CD’s con remixes y lados B de sus sencillos. También nos dejó una presentación en vivo en un DVD como registro oficial de algún concierto de ella. Se habla de una enorme cantidad de material que Winehouse inició, en el cual Salaam Remi también iba a estar involucrado. Desgraciadamente, Winehouse no lo logró concretar a tiempo.

Amy Jade Winehouse, nació el 14 de septiembre de 1983 y fue encontrada muerta en su casa en Camden, en su natal Londres el 23 de julio, meses antes de cumplir sus 28 años. Sí, desgraciadamente falleció a los 27 años, edad que los medios se encargan de unir a otras muertes relacionadas con abuso de drogas primordialmente cuando se habla de ‘los muertos a los 27’ (Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Kurt Cobain), centrándose más en sus desgracias más que en su legado. Cuando mi hermana me contó esa fatal noticia yo no lo podía creer. Fue una triste noticia que sacudió a la música. Triste, porque sus fans queríamos más de ella, más música, más canciones, esperábamos ver una vasta producción discográfica (sobre todo quienes somos coleccionistas), porque éramos conscientes, como Darcus Beese en un principio, del gran potencial de esa joven artista. ‘Talento’, ‘Puro Sentimiento’, ‘Diva’ son algunos de los calificativos que dieron conocidos míos a esta gran cantante. Amy Winehouse logró millones de adeptos internacionalmente, y sí, tuvo numerosas depresiones durante su vida, desde la separación de sus padres hasta la ruptura de la relación con su esposo Blake Fielder-Civil; muchos nos hemos sentido identificados por lo menos con una de sus canciones. Ella decía en una de ellas que “el amor es un juego en el que se pierde”, pero sé que para ella, al final, la vida es un juego en el que se gana.