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PRETENDER SER EN LA NUEVA IRREALIDAD: ERICH FROMM









Por

Camila Duarte

Colaboradora habitual de La Moviola











“El simulacro no es lo que oculta la verdad.

Es la verdad la que oculta que no hay verdad. El simulacro es verdadero.”

“La cobardía intelectual se ha convertido en una verdadera

Disciplina olímpica de nuestro tiempo”.



Jean Baudrillard





Salir de la caverna y ver las formas que se pasean de una lado a otro, ver cómo el ciego intenta darles moldura y se aproxima a ellas para poder tocarlas, sentirlas, distinguirlas, finalmente transformarlas desde su realidad y hacer de ello una experiencia donde el dolor no se abrume a un lado y se distancie de su sensibilidad, quien por primera vez se autonomizo, seria entonces un proceso reflexivo y critico de él, que claramente fue capaz de acercarse e interactuar con lo que le rodeaba (desconocidamente) sin reparar en temores y logro imbuirse en su propia esperanza y determinación; pero tan anhelada y gloriosa afirmación desencadena consigo varias ilusiones que desmoldándolas llevaran a pensarse el cómo y porqué este individuo (en su forma primitiva) consiguió accionar sus mecanismos mas puros, inteligencia y conciencia, y pudo proceder exhortante sobre lo desconocido, “En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida.”

Varios intelectuales del mundo, han entrado en consideración sobre los a quejos que no deparan en la realidad y de cómo varios mecanismos de control operan sobre las gentes para que estas no se alejen de su lado hipnótico in pensante, quizá también algunos de ellos propusieron más de una estrategia para que aquella desmesurada periferia de dominio fuera despojada, otros ampararon la comitiva para el desarrollo de dichas estrategias y de otros de aquel lado en sus manos quedo la responsabilidad de esparcir dichos conocimientos; teóricos como Freud, Marx y Hegel reconocidos desde varias ramas del conocimiento colocaron su semilla para que germinase y fuese compartida por el mundo, y fue entonces cuando a mediados de 1924 nació la Escuela de Frankfurt adherida a la investigación social, propiciando espacios de discernimiento sobre los paradigmas sociales y políticos y su consecutivo desarrollo hasta el presente; ésta escuela apoyada contundentemente en la postura critica que imperaba por el cambio de la realidad instantánea, es decir el presente, desarrollaron el estudio y la reflexión filosófica sobre la practica de las teorías marxistas sobre el modelo capitalista que les acontecía por a aquel entonces.

Entre tan sofisticados intelectuales instruidos en Frankfurt, encontramos a Erich Fromm proveniente de Hesse, Alemania quien desde su haber psicoanalista, psicólogo y filosofo teorizo críticamente sobre el psicoanálisis en conjunción con el marxismo participando activamente en una primera fase junto con la escuela, luego independientemente pues no halló cobertura en sus ideales. Fromm desde muy joven convalido en su pensamiento, explicarse el porqué de la actuación de las masas, pues por sucesos que vivifico en plena adolescencia como lo fue la primera guerra mundial instigaron a que su vida tomara el cauce de la explicación coherente sobre la racionalidad, fue entonces cuando reconoció de sus pares (estudiados durante varios años) Marx y Freud algunas respuestas sobre la irracionalidad del conjunto, encontrando comunes entre las relaciones socioeconómicas y los tipos de personalidad. Tras largos años de observación y examen, Erich publico varios libros donde desarrollo sus tesis sobre la libertad, el capitalismo, el amor, el inconsciente social, entre otros temas, que anclo a su experiencia de vida y con los cuales despunto a una reflexión para con quien los lee.

En “Las cadenas de la ilusión: una autobiografía intelectual”, casi la última entrega de Fromm al mundo, este expone su historia de vida y su despertar para con la realidad desde los acercamientos que tuvo con las teorías freudianas y marxistas y que anudo a la mella de su vivencia tras las guerras mundiales y los problemas desatados del capitalismo, aquí en fastuoso ejemplar dilucida una serie de conceptos preconcebidos por dichos teóricos y explica con detalle junto con su forma critica de ver el mundo cómo el hombre ha caído en un remolino sin salida de la reproducción de las instituciones y de la vida misma y qué le deparara si no converge su formas de ver y sentir la realidad para transformarla.

…qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor3, qué pasaría entonces si Fromm nos da la respuesta para la liberación de aquellas cadenas y la explicación alegórica de la situación en la que se encuentra el hombre respecto al conocimiento, pudiera ser resuelta tras la lectura reflexiva de los apartados manifiestos en su libro, la respuesta es simple, Erich acerca a su lector a que minuciosamente digiera conceptos complejos y lo incita a salir de la caverna comprendiendo su haber y deber en el mundo, que el avistamiento de la luz lleve consigo una serie de significaciones que han sido engorrosas y olvidadas y a continuación se le facilite la apertura a la realidad.

No es fácil sobrevolar aquel teórico y más aún cuando sus premisas se fundan en ese freudomarxismo, mixtura enrevesada, donde algunos conceptos se vuelven ambiguos y donde el toque filosofal adjudica al lector de una torpeza por no percibir lo que el y sus sucedáneos ya habían previsto y zurcir la meditación suscitada de la necesidad de reconocimiento de la realidad no se trasnocha con el aleteo de las hojas (pasar de paginas), antes, la contemplación va cediendo el rigor de la acción y de las pesquisas surge el apuro por despertar de esa falsa conciencia, inferir entonces con premura que el razonamiento acompañado de reflexión y el pensamiento acción son básicos para poder sobrepasar los esquemas exigidos. Quizá la preocupación de Fromm no era tanto el despertar sino el accionar sobre el desvelo, desenmarañar el horizonte, reconocer lo humano como el principio y fin único: “Naces solo y mueres solo, y en el paréntesis la soledad es tan grande que necesitas compartir la vida para olvidarlo.”4.

Ese humanismo vislumbrado por él, donde las relaciones se solidifican en la verdad absoluta sobre la realidad, permitirán entonces la liberación de los hombres enajenados e inválidos que suplantaran el capricho de motivación vacua y trascenderán en la praxis diaria, incipientemente desde el lenguaje ya que es un verdadero vehículo para expresar el pensamiento de manera inteligente entre los sujetos pero se hace necesario construir y concebir la inteligencia como un razonar con capacidad de voluntad que puede ser inducida desde la distracción y la atención, y primaria entonces imperar porque esta estreches de relaciones entre sujetos sea una comunicación razonada que dará y otorgara la igualdad del pensar.

Fromm señala también y refuerza su pensar desde Marx, que en la actualidad los sujetos son movidos por sus fuerzas de enajenación mas que por las de su razón, y estas dinámicas propenden por la creación de necesidades falsas mediatizadas por el estado de consumo, así que los mismos procesos de trabajo sufren, lo que denomino Freud, de transferencia cediéndole características importantes a instancias secundarias y en consecuencia el mundo resulta ajeno para quien lo vive; parafraseando a Baudrillard, los estados de adiestramiento hacen del humano un ser propenso a vivir mas en estados de simulación y simulacros que en la misma realidad y por ello “la voluntad distraída salida de la vía de la igualdad, la utilizara en sentido contrario, de un sentido retorico, para precipitar la agregación de los espíritus, su caída en el universo de la atracción material ”5. Y así la sinrazón colectivizada como cual epidemia sujeta el raciocinio sometiendo de la voluntad provocan entonces que las necesidades básicas se transformen en un cumulo de superfluos y no se desencadene una verdadera importancia por la realización individual.

El hombre insano, el hombre corrupto, el hombre envidioso, el hombres trastornado, no es solamente un reflejo de las condiciones de vida actual, si no que se ha encargado de erigirse según los entandares y modelos proporcionados por el abrupto capitalismo, donde el carácter social humano se actualiza inútilmente en conductas resueltamente invalidas y su trasmisión genera problemas, como por ejemplo la extracción masiva sin sentido de petróleo a pesar de la desintegración ávida de la tierra, o la propiedad privada es tan “necesaria” que las fuerzas de ultraderecha asesinan y competen por la expansión del territorio, y las resoluciones se ven a vuelo, y cada vez mas lejos para poder resarcir el daño hecho.

“Al hombre razonable le queda pues someterse a la locura ciudadana esforzándose en guardar su razón”6, y entrañar de su experiencia la praxis constante de mantener una existencia consiente, donde la constancia y la esperanza harán de el un espíritu superior, que también propiciara espacios reflexivos para acercar a otros sujetos a reconocerse e iniciar su accionar, sabrá seguir siendo fiel a si mismo en compañía de su contexto y desde el reconocimiento sobre lo qué es realidad, sobre aquella perennidad que ha sobrellevado tantas alteraciones naturales como manifestaciones humanas, podrá dilucidarla en su atomización entrando a observar y analizar sus partes, del lado físico y perceptual como del lado analítico y abstracto, que ha llevado tras el proceso histórico y ha de encontrarse hoy, en un capitalismo a ultranza y globalizado donde la esperanza ha resuelto huir y la demagogia se apodera de retoricas sin sentido, con la necesidad de traspasar esa pared tras la cual impera un aparataje fuera de control y primordialmente iniciara un tejido informador que devele sus engranajes y de forma critica propugne por la utópica e inherente idea humana del desarrollo de todas las facultades para con el conjunto social.

“¿Por qué?¿Por qué se levanta? ¿Por qué sigue luchando? ¿Acaso cree que lucha por algo, además de por su propia supervivencia? ¿Podría decirme qué es, si es que acaso lo sabe? ¿Es por la libertad? ¿Es por la verdad? ¿Tal vez por la paz? ¿Quizás por el amor? Ilusiones, desvaríos de la percepción. Concepciones temporales de un frágil intelecto humano que trata con desesperación de justificar una existencia sin sentido ni objetivo.”7

La creencia en poder transformar lo que queda del mundo debe ser inmensurable, el poder condensado del cambio no lo tiene nadie para con nadie, esta dentro de si, y el proceso para empoderarse de él a modo grueso parece difícil, pero como diría Ernesto de la Serna: No Imposible, la alteración debe desarrollarse desde la indivualidad y abalanzarse sobre los otros como choques derramados de humanismo, ver siempre en el otro la esencia del yo, comprender que el cosmos aposenta millones de cabezas que razonan y pueden entrar en mismas frecuencias solo de hacer posible la igualdad dentro de la desigualdad, poder aterrizar en la historia del ya, del ahora, dejar el futuro imaginario de lado y día a día cimentar la existencia plena.

Erich Fromm cree que el cambio va del yo al mundo, particularmente se duerme y se despierta, personalmente se trasciende y muere. Únicamente se transforma.









1 Platón, El mito de la caverna (República, VII)

2 Fromm, Erich, Las cadenas de la ilusión: una autobiografía intelectual. Paidós. 2008

3 Ibídem. 1.

4 Fromm, Erich, Frases y pensamientos.

5 Rancière, Jacques. El maestro ignorante. Pág. 109. Leartes.

6 Ibídem 5, Pág. 120.

7 Matrix Revolutions. Frases.



ALTA FIDELIDAD: HIPERVÍNCULOS, ESPEJOS Y TORNAMESAS

Portada de la ediciòn Inglesa de High Fidelity



Por
Jorge Eduardo Martínez
Especial para La Moviola


Finales de Julio. Natalicio (algunos en mi caso lo llamarían ‘natal-oso’). Después de los 17, quizás antes, uno ya se acostumbra a no recibir en grandes cantidades detalles envueltos en papel crepé. El año pasado mi hermana y mi cuñado me sorprendieron con uno de estos detalles (no recuerdo si envuelto en papel crepé u otro). Se trataba de un libro que seguramente ellos debieron pensar que me gustaría, entre otras porque en su portada tiene caricaturas de un tornamesa con su respectivo vinilo, una especie de alienígena bailarín, corazones un tanto abstractos y una botella (no sé de qué, pero voy a asumir que no es de algún vino de manzana) flotando sobre el ‘downtown’ de alguna ciudad.
Debo reconocer que para la lectura tiendo a ser bastante desjuiciado e inconstante, pero también debo reconocer que si un libro no te atrapa desde la primera página, no te interesará saber qué dice la segunda. Con este libro ocurrió lo primero y cuando ocurre lo primero, aprendes. Y este libro me hizo aprender no sólo vocabulario, sino mirar bien el espejo, lecciones de vida, y, en gran parte, nombres propios que no sabía que existían, o sí sabía pero sin indagar al respecto. Por lo tanto, mi descubrimiento 2011 es Alta Fidelidad (1995) del inglés Nick Hornby.





El libro se trata justamente sobre Rob Fleming, un melómano dueño de una tienda de música de segunda, más que todo de vinilos; su novia, Laura, decide dejarlo y hacer su propia vida luego de haber conseguido un trabajo estable, y de darse cuenta que Fleming se mantendría estancado en lo mismo sin pensar en el futuro. Fleming trabaja en su negocio con Dick - un paciente y dócil personaje con una mente muy abierta y tolerante - y Barry - frenético y vehemente, con intereses en ser músico, pero sin saber tocar algún instrumento -, con los cuales constantemente están discutiendo sobre gustos musicales, debatiendo sobre quién tiene la razón a la hora de decir qué es bueno y qué es malo; para esto, se ponen a prueba entre sí creando listados de top 5, es decir, las 5 mejores canciones, los 5 mejores artistas, los 5 mejores covers, etc., y también grabando cintas recopilatorias (mixtapes) con su música favorita bajo estos mismos parámetros. Su ruptura con Laura lo motiva a preguntarse qué es lo que ocurre para que nunca haya tenido una pareja lo suficientemente estable (función que hasta el momento cumplía Laura), y así decide hacer el top 5 de las rupturas que más lo hayan devastado, con el fin de encontrar un patrón de inestabilidad, lo cual lo lleva a muchas precepciones que en su momento nunca hubiera descifrado.
De por sí, en el libro hay ciertos aspectos musicales autobiográficos, ya que Nick Hornby además de ser escritor, también ha funcionado como músico (amateur, sin embargo) y como crítico musical de la revista norteamericana The New Yorker (de hecho dos de los trabajos soñados del protagonista de la novela eran ser columnista de New Musical Express, magazín musical inglés, y ser músico, pero no de rap ni de música clásica). Hornby es entusiasta de la música en su forma más tradicional, aunque posee algo de mente abierta a la hora de hablar (bien) de grupos nuevos; esto se evidencia en la novela, ya que constantemente se mencionan glorias del rock o del soul, pero apenas llega a mencionar novedades del momento como Massive Attack y Belle & Sebastian, y sin embargo ignora propuestas relucientes como Radiohead o Moby.
Este es mi descubrimiento 2011 básicamente porque me sentí identificado en muchos aspectos, laborales, personales e ideológicos. Y para empezar a describir las razones del por qué este es mi descubrimiento 2011, voy a imitar un poco a Rob Fleming haciendo un Top 5 con las razones más relevantes que merece.

1- La música es lo más importante para un melómano. Pero no lo es todo.
La mayoría de los coleccionistas, de por sí, no solemos ser propiamente ricos, pero como los ricos, mientras más tenemos, más queremos. Por otra parte, uno como artista, se mueve en un círculo social en el cual el 95% de los temas a tratar en una reunión son sobre arte (¡ojo!, no sólo sobre música): reflexiones, disgustos, descubrimientos, intercambios de ideas, discusiones. Cuando uno se sale del círculo, uno se acuerda que no puede beber ni trasnochar porque al día siguiente hay que madrugar al trabajo, uno se acuerda que hay que comprar un saco y unos zapatos para el concierto de pasado mañana, uno se acuerda que la novia está sentida porque no quise ver esa película con ella, uno se acuerda que hay que pedir la cita al médico, uno se acuerda que hay que pagar los servicios y así sucesivamente, nos damos cuenta que como todo ser humano tenemos problemas y necesidades básicas (creo que a la final se vuelven lo mismo).
Rob Fleming acaba de terminar con su novia, pero la vida sigue. No por eso va a dejar de ir a trabajar un día y no por eso va a quedarse lamentándose preguntándose por qué ella le termino (cuando realmente en el fondo sabe muy bien porqué, sólo que no tiene el coraje para reconocerlo). Hornby nos pinta a un personaje aparentemente tosco, pero muy sensible y reflexivo que finalmente se ve envuelto en historias de amor y desamores que lo hacen ponerse a sí mismo en el paredón para descubrir qué es lo que esos desamores hacen que su personalidad tambalee. La música cumple el papel de banda sonora de su vida, de sus vivencias, de su relación con Laura, pero finalmente, la música termina haciendo parte también de su estilo de vida, en este caso, como vendedor de discos. Justamente, a través de los personajes (famosos y no famosos) que Fleming menciona en su monólogo durante las líneas, es que finalmente el lector se puede dar cuenta del tipo de persona con la cual estamos tratando, es decir Hornby pone como co-protagonista a la música y al arte en sí como si fueran éstos los que describen a Fleming.




2- La música es un factor común en todo ser humano (incluyendo a los sordos).
Si hay algún tema en común entre absolutamente todos los seres humanos, es la música: durante cualquier conversación cotidiana, en algún momento se tocará el tema de los gustos musicales, y puedo asegurar que entre dos personas siempre habrá por lo menos un cantante, un grupo, un género, o apenas una canción que a ambos atraiga. Por otro lado, la música juega un papel muy importante a la hora de involucrarse en círculos sociales, y a la hora de entablar una relación de pareja; la música, como insinué anteriormente, contribuye a forjar la personalidad de cada ser humano, y para dos personas es atrayente que entre ambos haya los mismos gustos musicales, y claro, también entran a jugar gustos gastronómicos, gustos en la forma de vestir y factores que van más allá de gustos como son ideologías políticas o religiosas (pero, eso sí, es verídico que si dos personas difieren en alguno de estos dos aspectos, muy seguramente ahí se acaba la conversación, o ni siquiera empezaría del todo).
Rob Fleming constantemente trae a colación la música, no por el hecho de ser melómano, sino porque hay canciones y hay cantantes que están asociados a momentos claves de su vida, (como la conquista de Laura cuando él era DJ), canciones que asocia a sus estados de ánimo (como sentir una enorme depresión y no querer escuchar Walking on Sunshine de Katrina & the Waves), o simplemente canciones que él escuchaba en su niñez, unas aún le gustan y otras ya no. Hornby nos plantea nuevamente la reflexión que la música que uno escucha es finalmente lo que uno es, y que como tal, no hay porqué avergonzarse si hay canciones de música de plancha que uno gusta, y al resto de nuestro círculo social no. Además, Hornby trae a colación una práctica común entre los entusiastas de la música (hoy prácticamente extinta gracias al – o ¿acaso, por culpa del? - advenimiento del CD y el MP3) y es el fabricar ‘mixtapes’ con nuestras canciones favoritas; recordemos cuando andábamos con el walkman por la calle camino a la universidad o al colegio (clandestinamente, porque en este lugar casi siempre era prohibido llevarlo), y así mismo, el ritual que representaba presionar REC/PLAY, luego de 4 o 5 minutos presionar STOP, cambiar de lado el cassette, coger un lápiz e insertarlo en una de sus ruedas sinfín y ponerlo a girar rebobinándolo manualmente. Creo que toda mi generación (y probablemente la anterior) pasó por esa etapa, algunos la recordaremos con nostalgia, otros no.



3- La historia es una biografía de Wikipedia.
Durante el transcurso de la lectura, a medida que Fleming va describiéndose a sí mismo y a los personajes de la historia, va nombrando personalidades, más que todo artistas, que han marcado su vida. Al comienzo dije que con este libro aprendí también nombres propios, los cuales me tomé el atrevimiento de anotarlos y buscar de quiénes se trataba. Me llevé una que otra sorpresa al dar con nombres cuyos logros ya conocía pero no había reparado en saber cómo surgieron. Nuevamente a lo Fleming, haré un par de Top-5 con estos personajes ‘desconocidos’ (es decir, mis mini-descubrimientos 2011):
Los 5 escritores:
A- Raymond Chandler (estadounidense): autor del género llamado ‘novela negra’.

B- Thomas Harris (estadounidense): autor de novelas de suspenso, particularmente El Silencio de los Corderos (o Inocentes como lo conocimos nosotros)

C- Peter Guralnick (estadounidense): crítico e historiador musical.

D- William Gibson (estadounidense-canadiense): autor del género ‘cyberpunk’, fue el primero en acuñar el término ‘cíber-espacio’ en sus novelas.

E- Kurt Vonnegut Jr. (estadounidense): autor de ciencia-ficción, entre otros géneros.
(Nótese la gran influencia que ha ejercido sobre Hornby la literatura norteamericana)


Los 5 personajes de las pantallas grande y chica:
A- Monty Python (ingleses): conjunto de comediantes.

B- Sylvia Anderson (inglesa): actriz de voz.

C- Susan Dey (estadounidense): actriz de televisión (más que todo). Laurie, en la Familia Partidge.

D- Sarah Greene (inglesa): presentadora de magazines televisivos.

E- Peter Greenaway (inglés): director de cine, cortos, documentales y series de televisión.


4- La versión cinematográfica es fiel a la historia.
Antes de conocer este libro, sabía de la existencia de una película, titulada de la misma forma, y sabía que era protagonizada por John Cusack. Lo sabía sobre todo porque recordaba el afiche promocional que mostraba una carátula de un vinilo (la mitad de éste por fuera de la carátula) con fotos de Cusack parodiando en cierta forma el arte del A Hard Day’s Night de los Beatles. Después de leer el libro me vine a enterar que dicha película era basada en la novela de Hornby. Sentí curiosidad de verla y debo decir que sigue bastante bien la historia planteada en el texto (obviamente como en toda película basada en algún libro, nunca se representará el texto en su totalidad). Sin embargo es una de las pocas veces que hago el ejercicio de leer el libro primero y ver la película después, y honestamente sentí que el libro me quitó el factor sorpresa de lo que representa ver cine, pero por otro lado, pienso que ver la película y leer el libro después elimina el factor sorpresa de imaginarse los escenarios, los personajes y sus características. Particularmente con esta novela, hubo muchas coincidencias entre lo que imaginé al leer y lo que vi en la película, lo cual me da por pensar que Hornby logra describir lo más detallada y completamente aquellos factores, muy al estilo de los realistas del siglo XIX (Dostoievski o Balzac).



5- Similitudes entre Fleming y yo.
No sé si habrá sucedido con los demás lectores (creo que debe haber un porcentaje mayor de ‘no’ que de ‘sí’), pero yo encontré muchas cosas en común entre el protagonista y yo, a medida que las líneas avanzaban. De nuevo me voy a remitir a otro top 5 enumerando algunas características en común entre ambos:
A- Somos melómanos.

B- Somos coleccionistas de música (se puede ser melómano sin ser coleccionista de música, pero nunca ser coleccionista sin ser melómano).

C- Nuestra película favorita es El Padrino de Francis Ford Coppola (1972).

D- Por lo menos, una novia nos ha terminado, e (incoscientemente) le hemos terminado a una de ellas.

E- Ser músico (en el caso mío lo logré, en el de Fleming se quedó en sueño).


Digamos que estas son las más obvias o superficiales, pero de igual forma Hornby logra que el lector haga una buena reflexión sobre el comportamiento personal frente a las situaciones aburridas para cada ser humano, como por ejemplo reconocer (ojalá públicamente) los errores cometidos, pero así mismo no dejarse apabullar por las circunstancias que impidan que uno sea lo que es.
Cordialmente invitados a conocer a Rob Fleming, y por su puesto, a su creador, Nick Hornby. Puede que no haya 5 razones más relevantes, pero habrá por lo menos una que hará que el lector pueda mirarse bien al espejo y como finalmente Fleming lo hizo al final: llegar a acuerdos consigo mismo y con sus circundantes.

FONDOBLANCO: UNA NOVELA DONDE LA HIERBA CRECE Y SE QUEMA AL MISMO TIEMPO.

Portada de la primera ediciòn de la novela.Ilustración de Santiago Cubides.




Por
Andrès Romero Baltodano
Director
Cine Club & Revista Alternativa Multicultural
La Moviola


Hace cuatro años por La Moviola apareció Alejandro Arciniegas Alzate y nos dejo varios textos publicados por nuestra revista. Un buen día nos dio la buena nueva que su “opera prima” o sea la novela Fondoblanco había ganado una beca en la primera convocatoria de Estímulo del Ministerio de Cultura a Editoriales Independientes y que sería editada en convenio con el Cerlalc e Icono editorial. Alejandro nos dejo en la puerta de La Moviola un ejemplar que por miles de razones no había leído hasta que este año entre Perec y La Ferla me quede mirando en la biblioteca este Fondoblanco y me dije: “abramos la puerta de este fondoblanco” y desde la primera frase:
“ Lo supe?
Nada de eso. Unos minutos antes me limite a remover el veneno con mi cuchillo”
quede “abaleado” por la prosa. Siempre he creído que lo primero que leemos o vemos en una obra de arte que tenga una extensión de tiempo continua es fundamental para lo que viene, recuerdo el “opening” de Dancer in The Dark de Lars Von Trier que inicia sobre un cuadro negro y una texto en off, la primera frase de Terraza en Roma de Pascal Quignar
,todo comienzo luminoso prevee un desarrollo o mas luminoso o a veces menos pero la confianza en la “primera erupción” es vital.
Por eso mi descubrimiento del 2011 es esta pequeña novela que les quiero compartir:




Las ciudades pasan por los ojos de los peatones segundo a segundo se ven letreros de peluquerías, gente durmiendo con frio, pedazos de mago adheridos como amantes sin sol a vitrinas de lentes para sol. En la antigüedad los seres humanos que querían salir de las fronteras soporíferas de sus pueblos natales a veces se enrolaban en los ejércitos con la intención secreta de conocer los bordes o las cúpulas de casas que estaban lejos de sus pueblos nativos. Cristóbal Colón fue mucho más extremista cuando se hizo a la mar sin más certezas que los débiles instrumentos de navegación existentes en la época.
El conocer al otro ( así fuera un enemigo) fue probablemente las primeras intuiciones de que el mundo era como escribió en 1941 Ciro Alegría “ancho y ajeno”. El Turismo como concepto no se hizo patente y masificado hasta el siglo XIX cuando una serie de sucesos desde la política, la guerra, los inventos, las nuevas maneras de relacionarse permitieron que los seres humanos pensaran en que viajar podría tener unas connotaciones diferentes a la necesidad o la búsqueda de alimento o mejores condiciones de vida.
Que tendría que ver el Turismo con los viajes que hacen los artistas alrededor de temas, personas o regiones? Es turístico el viaje de Chandler alrededor de lo detectivesco?
es turístico el viaje que hace Kundera a la lentitud?.
Turismo y viaje, asombro por el territorio desconocido, son los hilos que se entremezclan en aquellas novelas donde el narrador se sumerge en un micro mundo que vive en la realidad pero que pervive en la ficción.
Las ciudades no podrían tener una vitrina más absurda e irreal que la que pretenden dar los denominados “sitios turísticos” si las ciudades fueran el espejo de lo turístico tendríamos que reinventarlas a cada una de ellas entre otras por esto es que el imaginario en general se hace una idea altamente errónea de los lugares ( de hecho también ocurre con las personas quienes son juzgadas por algo tan efímero y distractor como el vestuario) quien no está seguro que al llegar al aeropuerto de Brasil hermosas y voluptuosas “garotas” lo recibirán al ritmo de una samba “electrónica”? o quien no cree que si pisa el aeropuerto de Kinchasa al voltear la cabeza vera un suricato con una banderita con su nombre?.
El Turismo industrializado insiste en tomar una directriz “reduccionista” de los territorios e incluso de las emociones ( el turismo emocional se rifa de la manera mas chabacana en los melodramas televisivos haciendo creer que el amor o la soledad solo pueden venir empaquetados de una manera).
El arte cuando esta “timoneado” por verdaderos autores no suele ser turístico – se me viene a la cabeza el título de un volumen del escritor argentino Jorge Carro “utópico volver al pasado-aun como turista- - el arte indaga y explora como una retroexcavadora sobre lo humano con persistencia de pájaro carpintero y llega a meollos insondables y profundos.
Las ciudades de nuevo desde el turismo, presentan imágenes erróneas de su esencia (no es en lo diarios donde dice en los clasificados: “se necesita joven con buena presentación” ?) vitrinas absurdas de falsas idiosincrasias, burdas imitaciones de países desarrollados ( a costa de los llamados subdesarrollados) lo turístico impulsa a los inversores a crear clones de arquitecturas (de última generación) de calles( de moda) de vestuarios( de moda) de costumbres( de moda) destruyendo aquello llamado idiosincrasia y respeto por las sociedades particulares ,diversas y autónomas.
Es el arte el encargado de permitir que las realidades de cada uno se visibilicen y son los artistas los encargados de tocar una gran campana para avisarle al mundo que somos diversos así algunos medios de comunicación masivos insistan en que solo hay una manera de actuar Y que quien no actúe así es un fenómeno.
Las ciudades han sido protagonistas de la literatura , la pintura. el cine, la fotografía ,el teatro etc. Las ciudades son mostradas por cada artista desde la preocupación por repetir los canales de Venecia de Canalletto hasta la preocupación hiperfotografica desde la pintura de Richard Estes o el retrato incesante de la nada de Scorsese en una Nueva York moribunda y lánguida que solo la puede salvar los ojos de Jodie Foster en “Taxi Driver”(1976).

Las ciudades pintadas, fotografiadas, filmadas o grabadas toman otro rumbo en la medida de quien mira pero se convierten en el caso de la imagen estática en una sola visión. En el cine, la tele o el video, las calles respiran ,supuran, se iluminan, se apagan si no es menester asomarse a la maravillosa Bogotá en blanco y negro de Ciro Guerra o a la exuberante y sicótica Bogotá de Rubén Mendoza o la tensa y profunda Buenos Aires de Won Kar Wai.
Las ciudades trasladadas al cine no pasan de ser un “puñado” de calles o de almacenes o incluso de habitaciones o cocinas, que la misma limitación de tiempo y de espacio a veces reduce infinitamente. Pero, cuando la fuerza de la palabra es tan avasalladora como las olas de Katsushika Hokusai y esta se instala en una novela o un poema las ciudades comienzan a tener otro olor ,parajes que son vividos por los personajes que nunca aparecerán en una guía turística de aquella ciudad, ampliando no solo de manera nominal el conocimiento formal como la presencia de la imaginación.
En Fondoblanco (2008) la novela de Alejandro Arciniegas Alzate, Bogotá se muestra de la mejor manera posible sobre todo cuando la unión argumental fusiona dos temas fundamentales: la ciudad y la droga.
Arciniegas plantea un texto multicoral en la medida que los narradores a veces son en primera persona, a veces en tercera , sus acotaciones son pequeños pensamientos que se mascullan, lo lugares donde sucede son múltiples y se transforman de manera instantánea cambiando tiempo lugar y sensación.
Esta novela viene a ser parte de aquellas clasificadas como novelas urbanas donde los personajes aunque son “outsiders” ( según la sociedad trabajadora de 9 a 5) son los tejedores de una serie de visiones culturales y de opiniones individuales que se transforman en una muestra casi etnográfica secreta que nos diagnostica que no todos los ciudadanos se comportan como en los leves comerciales de desodorantes sino que tienen vida propia y elijen vidas que se orientan por miles de caminos.
En los setentas aparece Qué viva la Música (1977) de Andrés Caicedo y esta novela aborda la calle, los personajes, la ciudad dividida por odios que solo se huelen y no se ven ( las ciudades aparentemente son pacificas y con sol, de los excesos o sucesos de baranda de policía solo nos enteramos por la prensa amarillista).En los noventa Opio en las Nubes (1992) de Rafael Chaparro Madiedo vuelve a las calles de la mano de Pink Tomate “I Want a trip trip trip como para poder resistir la mañana…” donde una ciudad metrópoli es testigo de los amores ,desamores y desgarros de unos seres atrapados por la ciudad y un gris invasivo e infeliz. En los ochenta la ciudad de Bogotà se torna oscura y retorcida pero eróticamente feliz en el texto del poeta samario Josè Luis Diaz.-Granados quien en Las Puertas del Infierno (1999) devela a partir del sexo una ciudad amurallada de deseos y de tristezas infinitas envueltas en la ternura del amor efímero.
Gonzalo Mallarino también entraría a “pasear” la ciudad en sus novelas de la llamada Trilogía Bogotà donde la ciudad ya no es el centro vital sino un pretexto espacial y con personajes de una literatura mas emparentada con la del desarrollo de personajes corales.
En Fondoblanco , Arciniegas entra como una ametralladora de palabras y pensamientos que “arrinconan” al lector contra unas cuerdas llenas de puñales en un ring de dos por dos, con las pesadillas volando sobre el cielo.
La droga pasa a ser el leitmotiv de la historia y lo mas interesante es que es una droga sin pedigrí que se yergue como una culebra aterradora sobre las sombras de la ciudad y entra en los personajes como un tanque de guerra letal y monstruoso.
Las drogas y la literatura han tenido relaciones formales, informales, incestuosas, parricidas ,heroicas o lamentables en el siglo XIX se dice que algunas de ellas fueron escritas bajo sus efectos como Aurora Leigh de Elizabeth Barret Browning , The strange case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, Fear and Loathing in las Vegas de Hunter S. Thompson, One Flew over the cuckoos nest de Ken Kesey ,The Heart is a Lonely Hunter de Carson MCcullers .
Otras, toman el tema como eje narrativo de las mismas y entre estas Fondoblanco de Arciniegas toma el camino de una ruta de delirio y tránsitos terrestres donde la droga, es un hilo conductor que aparece y desaparece en un escenario donde el género humano vive a su “servicio” y a sus “ordenes” de manera similar a El Corazòn del Tártaro de Rosa Montero que también aborda el tema como un recuerdo punzante y que logra la disección de la relación caótica y por momentos poética entre la droga y sus “sacerdotes” desde los ojos de Zarza.
En Fondoblanco, esta acompañado de una serie de reflexiones que a veces se dan simplemente en una frase en un giro idiomático en una trasverberación de los dedos de Chaz.
Heridas , hospitales del alma, ojos cerrados y quemados sin que los angeles se den cuenta, narración vertiginosa y llena de reflexiones a veces en forma de guion cinematográfico a veces en soliloquios o narradores espontáneos, personajes que parecen como luces de un montaje de Bob Wilson (intermitentes e incadescentes) .
Esta novela de Alejandro Arciniegas por derecho propio debe escalar a ser la novela urbana de los “clochards” diurnos y los strip teases de las bocas muertas, su ruta acaba de comenzar en busca de lectores que quieran leer literatura al ritmo de Talvin Sighn o de Arquitecture of Helsinki con la voz rota de Cesaria Evoria atrás pidiendo dos triciclos con ojos azules..
Leer esta novela es entrar en un crucero accidentado entre la hierba , donde la voz del narrador todo el tiempo taladra y te deja fijo en una silla de peluquería donde pasaran cien años antes que un peluquero compasivo pase por allí. La espera. La ansiedad. La sed. Tres características esenciales para abrir la puerta de este maravilloso Fondoblanco.

¿LITERATURA CIENTIFICA CREA NUEVOS HEROES?

Billete de $20 emitido por el Banco de la Repùblica
con la imagen de Francisco Josè de Caldas.










Por

Marley Cruz
Colaboradora Habitual
La Moviola






Colciencias en un loable intento por hacer que los niños y jóvenes colombianos conozcan un poco más sobre los héroes de la ciencia y la tecnología en la historia de nuestro país a partir del siglo XVIII, publicó 18 volúmenes escritos por reconocidos escritores latinoamericanos como lo son: Gonzalo España, Sandro Romero, Celso Román, Carolina Alzate, Irene Vasco entre otros; libros que datan de la vida y obra de personajes importantes en la historia Colombiana como el sabio Caldas, Julio Garavito, Claude Vericel, Jose Maria Villa, Francisco Javier Cisneros entre otros. Muchos de estos grandes personajes empolvados en los libros de historia de alguna de nuestras bibliotecas.
El objetivo de esta serie juvenil es ensalzar a los héroes de la ciencia y de la tecnología en nuestra patria para que sean reconocidos por parte de nuestra juventud; son libros con hermosas ilustraciones y con una gran cantidad de sucesos veraces en la historia. Los escritores se pusieron en la tarea de mezclar la veracidad de la historia con otros hechos no tan reales para hacer de los libros un universo rico en imaginación, historia y de simbolismo dignos de emulación. Se pretende que con ello se logre incentivar a los jóvenes para que el ejemplo de vida de estos personajes sea fuente de inspiración para nuestros futuros ingenieros, científicos, artistas y Maestros.
Se le da el nombre de literatura científica a esta serie para hacer un puente entre estas dos áreas distanciadas entre sí por meros formalismos históricos. La ciencia y el arte son siamesas separadas históricamente para poder ser estudiadas con mayor profundidad. La ciencia y la literatura hacen parte de una misma y única naturaleza que nos envuelve a todos y a todo. Esta serie es un esfuerzo para unir la ciencia, la literatura y el saber común.
La serie lleva a los personajes más allá de sus inventos y descubrimientos, se adentra en sus vidas reflejando en las letras y en las ilustraciones la paciencia, perseverancia y coraje que les invadió para llevar a cabo sus cometidos. Refleja el amor de estos por la ciencia y las artes; nos muestra una cara fascinante de estos hombres que lograron avances muy significativos en diversas áreas. Con el fin de adentrarse en la imaginación de nuestros jóvenes para darles pautas a su libre imaginación.
Este trabajo está diseñado con el fin que llegue a las poblaciones más necesitadas de nuestro país; aquellas donde la educación es vulnerable, como una medida de contingencia a la falta de amor por el conocimiento. Es una manera utópica pero loable de intentar promover el amor por la ciencia y el arte en los niños de nuestra nación.
Este proyecto al igual que otros de su género, como las escuelas de música en las comunas de Medellín, tiene inconvenientes. Es difícil hacerle creer a un niño que una guitarra vale más que un arma de fuego, cuando este ha visto morir a sus hermanos mayores y aguantar hambre a los menores. Cuando este ha visto llorar a su madre por no tener que darle de comer a sus hijos, cuando ha visto a su padre asesinar por dinero y a sus hermanas prostituirse por la misma razón. La labor de llevar el conocimiento a los lugares remotos de nuestras ciudades y pueblos es una tarea titánica; pues la cultura por la que estamos permeados no es la más propicia para el auge de la ciencia y el arte. La mayoría de las chicas de escasos recursos de regiones tan apartadas como Puerto Leguizamo o Villa Garzón Putumayo, prefieren que un policía o un soldado del ejército “se las saque a vivir” que proseguir con sus estudios, pues ellas saben que las posibilidades de hacerse un futuro por medio de la educación es casi utópico. Muchas de ellas tienen que ayudar a mantener a sus familias y poco o nada de tiempo les queda para poder leer un libro, así sea un libro tan dinámico y divertido como los de la serie que tratamos.
En muchas ocasiones cuando uno entabla conversación con los jóvenes y niños de estas zonas uno termina comprendiendo que el problema de la carencia de nuevos héroes en la ciencia tecnología va más de allá de la carencia de libros que les renueven sus inquietudes intelectuales; el problema es social, la falta de espacios propicios para un sano crecimiento lejos de las hambrunas, de la violencia y de la inexistencia educativa. La vida es dura para las clases bajas de nuestro país a donde casi nunca llegan los frutos de hermosos proyectos como los libros de las historias de nuestros científicos.
Las realidades de los jóvenes de nuestro territorio son muy diversas, tan diversas como las clases sociales que tenemos en Colombia. Los más “afortunados”, monetariamente por lo menos, también son jóvenes difíciles de tratar. Si bien estos tienen más posibilidades de poder acceder a materiales como los que propone Colciencias, La influencia de los medios electrónicos hacen que los jóvenes se aparten mucho del libro en físico y esto nos lleva a repensar los medios educativos. Ayer le preguntaba a un niño de 10 años que qué quería ser cuando grande y él me respondió: “fotógrafo, o cuidador de perros, pero lo que no quiero ser es como mi papa que solo se la pasa leyendo y leyendo libros”. Luego la conversación nos llevó a un tema que está bastante de moda por estos días, había un mural con la ministra que llevaba un rifle en sus manos y de este salía una leyenda: Ley 30. Le pregunte al niño que si él sabía que era la ley 30 y este impresionado por el tamaño del mural más que por mi pregunta me respondió: “¡Ahh! es la ley que rige la educación y los universitarios están en paro por que la ministra va a privatizar la educación” ¿de dónde sabes esto? Le pregunté y él me dijo llanamente: “de internet”
Los chicos tienen ahora acceso a más información de la que tuvieron nunca, y esto lejos de ser una dificultad puede convertirse en algo a favor. Si se lograra que por medios electrónicos este tipo de proyectos llegaran a manos de los jóvenes que pasan sus días frente a una pantalla podríamos lograr un cambio en la concepción de la ciencia y el arte en nuestra sociedad. Tal vez si intercalamos nuestros medios, tan románticos y personales, como el libro en físico, por los medios electrónicos tal vez podríamos ayudarles a llenar sus soledades con una bella historia, que los inspire y que genere cambios en el pensamiento y en la sociedad. Los jóvenes tienen miedo a estar solos miedo a deprimirse y esos son vacíos que se podrían llenar con buenas historias.
Así vemos que la influencia de los problemas sociales en las inquietudes intelectuales de los jóvenes es devastadora, que la influencia de los medios electrónicos en el sentir y percibir la vida de otros tantos es inevitable y que proyectos como los de Colciencias son buenas herramientas para comenzar a cambiar la sociedad desde la educación. Si bien no son armas lo suficientemente efectivas para llevarlas a todos los lugares de la geografía Colombiana, si son alicientes que podrían ayudarnos como docentes a ejercer nuestra labor. Por eso nos queda al aire la pregunta si la literatura científica crea nuevos héroes o no, o más bien si esta nos ayuda a intentar penetrar en el universo de nuestros jóvenes, quienes cada día son más esquivos y resbaladizos, para hacer un intento de cambiar la concepción de la educación en la sociedad y por medio de esta cambiar el país mismo.

2 CUENTOS DE NINI JOHANA SANCHEZ

Nini Johana Sànchez Avila ( la autora)





Cuentos.

NINI JOHANA SANCHEZ





Gehenna
El trazo empieza como una diminuta mancha que se desliza a la punta de la pluma. La tinta discurre de la piel al recipiente como si aflorara de lo profundo de la mujer. Al completarse la línea ha adoptado formas que se separan y se unen una y otra vez, tratando de rellenar los espacios que afuera se hacen difusos, como marcas de agua que borra el viento con su roce seco.
Gehenna ve cómo los dibujos desaparecen con los días y trata de hacerlos permanentes, pero tropieza consigo misma, ¿habrá algo que valga la pena conservar para la memoria? ¿Cada línea vale el peso del ataque sobre la piel, su doloroso recuerdo? Ella no sabe, ella recuerda de día y borra de noche para comenzar en el alba otra vez la pregunta.
Deja de dibujar por un momento, ¡Deja de dibujar por un momento¡ Deja de dibujar, por un momento todo se detiene; su brazo se diluye en ese preciso instante de nada, instante blanco. Ella palidece y retoma su perpetuo trabajo de amanuense, escribiente de sí misma.
¿Será que aparte de este trabajo que se hace insoportable le queda algo más? Entonces Gehenna piensa en ese espacio prometedor de la página vacía, de su piel borrada por el viento, de su nombre olvidado de cualquier página, cualquier memoria, cualquier hombre. ¡Si dejara de trazar! Ya no habría tortura, tal vez tampoco recompensa, y entonces, entonces se dilata y no hay respuesta, como tampoco hay trazo…
El silencio se hace finalmente eterno y pareciera que la tinta se devuelve por su cauce de segundos, de minutos acumulados en cada poro, en cada trazo repetido hasta el cansancio.
Ya no hay nada por lo cual lamentarse
ya no hay nada por lo cual…
ya no hay nada
ya no hay
ya no
ya
.


Octubre 22 de 2010





Ejercicios morfo-lógicos:


Para que haya un nosotros debemos estar dos… yo y tú, cada uno separado, indivisible, único y sin embargo no solo, con el otro, que es igual de único e indivisible. Sí, somos yo y tú, no tú y yo, no hay primero ningún otro pues solamente yo soy mi primera persona, el segundo eres tú y si te va bien seguirás siendo el segundo, que el primero es irremplazable. De tu parte también espero que el primero seas tú y no yo, en el orden particular de las cosas, en el orden correcto de las prioridades no puede haber otro que el primero del singular para cada cual.
Sin embargo, aún cuando cada uno se resguarde del embate de las otras personas es muy difícil no sucumbir a un tercero, ya sea en singular o en plural, él, ellos, el que se encuentra afuera y pide sin reconocerse único, ni reconocer al otro.
Si hay un nosotros es porque nos hemos dejado para poder estar juntos en el mismo pronombre, no hay que unir-nos innecesariamente con posesivos, no existe mío o tuyo, el nuestro es de carácter volátil y tiende a desaparecer pues el nosotros es igual de inasible. A la primera persona que me encarna no le caben los adjetivos posesivos, no le quedan los grilletes de adorno y no hay que desear ponérselos a nadie… no hay tal cariño en exhibirle la cadena al otro para sacarlo a pasear por el camino del habla.

El pasado y presente de Andrés Caicedo

Por

David García Flórez
Especial para La Moviola

Estudiante Mercadeo y Publicidad


Vivimos en nuestro presente, intentando construir futuro pero, ¿somos conscientes de la importancia que ha marcado el pasado?. Es aquí donde doy prioridad a esta pregunta y comienzo a hablar de unos 34 años atrás, incluso un poco más, en el que estuvo presente uno de los personajes literarios más influyentes de nuestros días -entre los jóvenes-, Andrés Caicedo.

Poco conocido en el mundo literario colombiano e internacional, este joven caleño, de larga cabellera, lentes gruesos, tímido y tartamudo ha marcado en nuestros días la pauta para que los jóvenes se interesen en la lectura e incluso, en la producción de textos. Su obra se caracteriza por estar fuertemente influenciada en las vivencias juveniles de sus días, problemas, peleas, alcohol, drogas, sexo y la muerte. Además de sus cuentos y novelas, son conocidas sus cartas a familiares, amigos o a sí mismo donde dejó plasmado con total sinceridad y sin tapujo sus más profundos sentimientos y sufrimientos, sus expectativas y constantes miedos que, a fin de cuentas, fueron quienes terminaron matándolo.

Nació el 29 de septiembre de 1951 en Cali, Colombia. Sus padres, Carlos Caicedo y Nellie Estela, lo criaron junto a sus tres hermanas mayores María Victoria, Pilar y Rosario, quienes posteriormente ayudarían en la publicación del libro “El Cuento de mi Vida”, una recopilación de sus cartas que dejan al descubierto al Luis Andrés que muchos no conocen. Desadaptado y problemático, en el colegio fue donde comenzó a recolectar sus primeras vivencias que luego dejaría plasmadas en sus cuentos y novelas. Graduado de bachiller a los 17 años, ya contaba con varios guiones para cine y teatro y un par de cuentos, entre ellos “Infección” escrito en el año 1966. El mismo año en el que terminó su colegio, ingresó al Departamento de Teatro de la Universidad del Valle y un año después comienza a escribir crítica cinematográfica en los diarios El País, Occidente y El Pueblo al tiempo que funda el cineclub de Cali con sus amigos Luis Ospina y Carlos Mayolo, personaje con quien quiso grabar uno de sus guiones “Angelita y Miguel Ángel” sin éxito alguno. En 1970 gana el primer Concurso Literario de Cuento de Caracas con "Los dientes de caperucita", adaptación del cuento infantil, dos años después gana el Concurso Nacional de Cuento de la Universidad Externado de Colombia con su cuento “El tiempo de la ciénaga”. Al año siguiente viaja a Estados Unidos con la idea de vender algunos de sus guiones para largometraje, desafortunadamente no lo logra pero este viaje le deja su novela “¡Qué viva la música!”. En 1974, comienza a escribir su revista especializada en cine “Ojo al cine” y es publicado su cuento “El Atravesado”. Dos años después intenta suicidarse dos veces sin poder alcanzar su objetivo, escribe dos cuentos más, entre ellos su novela inconclusa “Noche sin fortuna” y el 4 de marzo de 1977 al recibir la primera copia de su novela “¡Qué viva la música!” se suicida tomando 60 pastillas de seconal muriendo encima de Pepito Metralla, su máquina de escribir Remington en donde plasmo todo lo que nos quedó de él.

Durante muchísimo tiempo su obra quedó guardada en un baúl conservado celosamente por el señor Carlos Caicedo, padre de Andrés quien luego de un tiempo dio acceso a los textos de su hijo. Fue así como sus cuentos empezaron a ser publicados y su obra salió del ambiente caleño para ser aún más conocido en Colombia e incluso recordado y mencionado por extranjeros como Alberto Fuguet, chileno que publicó “Mi cuerpo es una celda” libro que habla sobre la vida de Luis Andrés. En Colombia, su amigo Luis Ospina realizó un documental llamado “Unos pocos buenos amigos” en donde se cuenta la vida y obra del escritor caleño.

El legado que a dejado Andrés se ve reflejado en escritores contemporáneos influenciados por la obra del caleño, como Rafael Chaparro Madiedo con su conocido libro “Opio en las nubes” leído por muchísimos jóvenes y Efraím Medina con “Érase una vez el amor pero tuve que matarlo”.
Sobre Andrés se ha escrito y especulado muchísimas cosas, entre ellas su sexualidad, que aunque se conozca su amor por Patricia Restrepo, se cree que tenía cierta inclinación por los hombres; en la Revista Arcadia Nº 69 fue publicado un artículo que toca este tema más a fondo. Otro de los temas que ha sido muy discutido fue su relación con Clarisol y Guillermo Lemos, el par de hermanos que llevaron a Andrés a conocer las drogas y el mundo de las calles. Aún así siempre habrá que comentar sobre él, su muerte temprana y unas cuantas cosas más que generan interés y preguntas al leer su obra.

Aún estamos a tiempo de conocer a aquel joven caleño que dejo en el papel su vida entera y a la cual le dedico cada instante de su corta existencia. Nos enseñará a ver la literatura colombiana de otra forma y entenderemos por qué ha sido llamado “el enemigo de Macondo”. Sus experiencias, cercanas a la realidad y tangibles para muchos, harán sentir en carne propia lo vivido y contado por Andrés y como el mismo decía “Si dejas obra, muere tranquilo, confiando en unos pocos buenos amigos”, nos ha dejado todo lo que tenía, es hora de pagarle con buena moneda y ser uno de sus buenos amigos.

ESPERA (Cuento)

Fotografìa de Helena Almeida



Por
David Garcìa




Desperté con el leve brillo que se colaba entre la separación de las cortinas, podía ver el polvo y la piel muerta flotar e ir sin rumbo por la habitación y sentir el ambiente cálido de una mañana soleada mientras mi cuerpo reposaba sobre la suave colcha de su cama.

Mis ojos iban de un lugar a otro buscando con la mirada algún sonido que me indicase dónde estaba ella, pero no la escuchaba y en ese instante sentí que la tranquilidad que poseía al haber dormido cerca, prácticamente a su lado, se iba. Aparte mi cabeza de la colcha, miré con detenimiento cada una de mis extremidades, las estiré buscando repeler el agotamiento que aún sentía y con suaves y leves movimientos me incorporé, sentado en la cama trataba de evocar qué había sucedido la noche anterior.

En un breve instante recordé ver la puerta de su habitación abierta mientras yacía recostada entre las sábanas azules olor jazmín, esas mismas que tanto me gustan. Entré cautelosamente evitando romper el silencio para seguir viendo cómo dormía, en ese momento me acomodé pausadamente sobre el borde de su lecho y me dediqué a contemplarla, queriendo entrar en las sábanas y sentir el calor que siempre emana, finalmente quedé dormido ahí, en el borde, en ese mismo donde la observé en la noche.

No entendía cómo no la había sentido en la mañana, quería pensar que procuraba no despertarme para que siguiese descansando, pero antes de irse siempre se despide con un beso entre mis ojos mientras posa su mano derecha sobre mi abdomen y me acaricia un instante, ese sublime instante de las mañanas, el instante que hoy, no había tenido lugar.

Decidido a buscar rastro en casa sobre ella, bajé de la cama e inmediatamente el frío del piso de madera subió por mi cuerpo como un molesto escalofrío, ese mismo que siento con su ausencia. Al salir de la habitación, me dirigí al baño, era claro que había estado allí hace pocos instantes, que su cabello había lavado y se había perfumado. No recordaba que me hubiese dicho la noche anterior que pretendía salir temprano, aún menos cuando era sábado, día que por lo general dedica enteramente a mí, sólo a mí.

Resignado con el vacío al no tenerla cerca, en pasos lentos fui hasta la cocina, había desayunado y dejado servido el mío pero no me dieron ganas de probar bocado, no es lo mismo hacerlo sin ella, incluso, me entristecía que no hubiésemos desayunado juntos, como siempre lo solemos hacer. Fue así como en medio de lamentos, fui a parar en el sofá de la sala, ese donde pasamos tardes enteras mientras ella se sienta a leer y yo me poso en su regazo mientras me consiente y la observo con ojos esperanzados, esperando sus besos.

Me dediqué a ver por la ventana buscando su silueta entre el bullicio que comenzaba a pronunciarse, el brillo del sol me daba directo en el rostro, veía gente ir y venir, pero no había señal de ella y me preguntaba, ¿no sabrá cuánto necesito de su presencia? ¿me extrañará? ¿le haré falta? ¿habrá pensando en mí aunque sea un breve instante de lo que llevaba el día? Cuestionamientos que dejan de tener importancia cuando estoy a su lado, cuando sólo me importan sus caricias y sus besos, su eterna ternura en cada una de las palabras que me dedica, el problema está en lo mal que me tiene acostumbrado, y que tan solo unos cuántos minutos sin ella, me desesperan, me vuelven loco.

Vencido por el tiempo y la espera, decidí comer algo, debía hacerlo aunque ella no me hubiese esperado y fue mientras lo hacía que sentí repentinamente su presencia, corrí hacía la ventana y la veía venir con grandes bolsas entre sus manos, sobresalían varios lienzos en blanco y unos cuantos pinceles, en bolsas más pequeñas supuse que llevaba oleos nuevos para pintar, recordé en ese momento que días atrás me comentaba que le faltaban algunos materiales para que pintáramos de nuevo, la alegría que me invadió en ese instante es indescriptible, me encantaba verla pintar y su ausencia se convirtió en motivo para un momento memorable que tendría al lado suyo, ahora todo tenía sentido.

Escuché sus pasos en las escaleras y cómo se acercaba cada vez más a la puerta del apartamento, mi alegría era incontenible y sin poder evitarlo comencé a maullar lo más duro que pude, sentir como las llaves encajaban rápidamente en la cerradura me exaltaban y en el momento en que la puerta se abrió sentí magia, es increíble ver como me dedica su sonrisa. Con avidez cerró la puerta y sentí como buscaba deshacerse pronto de las bolsas en sus manos para levantarme, supe que me extrañaba, que me pensaba, todas mis preguntas tenían respuesta con ese simple acto. Mientras dejaba las bolsas en la sala, me paseaba entre sus pies sin dejar de maullar, cuando terminó, vi que sus ojos se posaban en mí, no podía ser más feliz al verla así, se inclinó y me tomo entre sus manos, me alzo y con un suave susurro me saludó –Hola Dallas, la saludé con besos en su nariz y comencé a ronronear; es increíble estar a salvo y protegido en su pecho, entre sus brazos.



RESEÑA DEL AUTOR

Soy David García, estudiante de último semestre de Publicidad en el Politécnico Grancolombiano y próximo a tener un diplomado en escritura de guión. Nací el 23 de enero de 1990 en Bogotá y desde temprana edad me interesaron las artes, hice parte del grupo teatral del colegio durante ocho años y del grupo de poesía durante tres años. Gracias a la trayectoria que he tenido en la universidad descubrí mi vocación por el diseño, las letras y aptitudes para la realización audiovisual. Como metas tengo realizar estudios en literatura y escribir una novela.

FRAGMENTO DE LA NOVELA "JAMES NO ESTA EN CASA"



Como lo habiamos prometido desde la ediciòn anterior les presentamos un fragmento del càpìtulo de la Novela "James no està en casa" de la escritora Colombiana Constanza Martìnez ganadora del premio de literatura juvenil Barco de Vapor 2010.

Este fragmento ha sido cedido muy amablemente por la autora para los lectores de la revista Multicultural Alternativa Blog La Moviola del Politecnico Grancolombiano.
















FRAGMENTO CAPÍTULO 11
“-Me debe una, García. Por su culpa, me castigaron por dos semanas, me suspendieron del equipo de fútbol y mi mamá me quitó la mesada de este mes.
Me iba a lanzar el puñetazo, directo a mi ojo izquierdo, cuando entró mi profe hippie. Me salvé por un pelo. Pero sabía que al recreo iba a ser: Gardesable me iba a levantar. Eso era seguro.
Durante la clase no puse atención, pensando cómo salir del lío sin perder el otro ojo. Pensé en saltar la reja y huir, pero no era de hombres. Me arrepentí de haber rechazado las clases de karate que mi Pa me había ofrecido en vacaciones. Y, por último, opté por buscar ayuda. Todos me iban a tildar de “sapo”, pero yo prefería ser un sapo con un ojo y medio en funcionamiento, y no un sapo sin ojos. Definitivamente, cuando uno estaba de malas, ¡estaba de malas!
Mis amigos me decían que hablara con mi mamá, pero yo sabía que eso iba a empeorar las cosas. No solamente iba a ser “sapo”, sino, además, iba a quedar como el niño que se esconde detrás de la mamá. Eso no podía hacerlo. Había que ingeniarse la manera de evitar esa vergüenza.
La clase de Religión se me hizo muy corta. Cuando faltaban cinco minutos, miré hacia Gardesable y éste me hizo un gesto amenazador: -¡Lo tengo entre ojos! -me dio a entender. Entonces, comencé a rezar otra vez el Padrenuestro. Otero sacó el álbum del Mundial y fue cuando se me ocurrió una idea: retar a Gardesable a un duelo de veintiuna.
Sonó la campana y mis amigos corrieron hasta mi puesto, conscientes de lo que iba a pasar al recreo. Gomas me dio una palmada en el hombro y me dijo: -Mi sentido pésame.
Todos los demás pasaron y me dieron la mano, como si no fuera a regresar con vida. Unos minutos después, cerca a la fila, vi a Gardesable con su grupo de secuaces, y le dije:
-Gardesable, antes de que me rompa la nariz, lo reto a una veintiuna. Si usted gana, le doy la plata de mis onces durante un mes. Pero si yo gano, nos deja en paz a mis amigos y a mí por el resto del año.
Toda la primaria y el grupo de profesores sabía que yo no jugaba fútbol y era negado para la veintiuna. Me estaba exponiendo a una muerte social, pero no me quedaba otra. Gardesable me miró con sobradez y se rió.
-Está bien, García –me dijo-. Será divertido comer con la plata de sus onces. Yo empiezo. El que haga más puntos gana, y, para que vea que no soy tan ventajoso, si hace veintiuna le encimo las tareas de Ciencias por este mes.
Don Pablo organizó las apuestas: si Gardesable ganaba, él le invitaba a todo el curso un sobre de estampas del álbum del Mundial; si yo ganaba, él repartía gratis las fichas más difíciles de conseguir.
Los niños de Primero a Quinto estaban rodeándonos. Las niñas, que nunca se metían en nuestros asuntos, también estaban ahí, mirando y secreteándose. Algunas me miraban con cara de lástima. Otras se burlaban de mí y miraban a Gardesable como a un héroe. Según ellas era un churro.
Yo estaba ahí, con mis amigos atrás, cruzando los dedos detrás de la espalda. Hasta el Paisa estaba preocupado y no coqueteaba con nadie. Imaginaba a Gomas alistando el hielo porque sabíamos que Gardesable no se iba a conformar con mis onces. Parra se tapaba los ojos para no mirar, mientras Nico y el Loco estaban serios, esperando. Otero, muy cerca, pegaba las láminas en el álbum, tranquilo, como si no pasara nada.
Mientras que yo, no sólo estaba a punto de perder mi mesada sino el poco amor propio que me quedaba. James no aparecía y todos estaban seguros de que Gardesable iba a ganar. Nada podía ir peor.
Uno de los amigos de Gardesable le pasó el balón y comenzó el reto:
-¡Una! ¡Dos! ¡Tres! -gritaban todos.
-¡Cuatro! ¡Cinco! ¡Seis! -el mundo me daba vueltas.
-¡Dieciséis! ¡Diecisiete! ¡Dieciocho!...
Yo estaba a punto de desmayarme. Me sudaban las manos, las orejas, el pelo, todo. De pronto, miré el álbum de Otero y me pareció que desde la portada Pelé me guiñaba un ojo. ¡James estaba aquí! Ahora todo iba a ser fácil. Iba a conseguir la veintiuna perfecta.
-¡Diecinueve!... -y a Gardesable se le cayó el balón al suelo-. ¡Frescos, muchachos! Pan comido -dijo muy confiado.
-Su turno, García -me dijo, y me lanzó el balón.
Yo cogí el balón y comencé:
-¡Una! ¡Dos! ¡Tres! -gritaban todos.
-¡Cuatro! ¡Cinco! ¡Seis! -increíble, llevaba seis y no se me había caído el balón.
-¡Siete! -cabecita.
-¡Ocho! -taquito.
Parra abrió los ojos y miró feliz. Nico y el Loco, serios. Gomas con el hielo en la bolsa, y el Paisa, sentado abrazándose a la niña de los ricitos de oro que le acariciaba la cabeza con ternura. Él era como el Agente 007: hasta en los momentos más peligrosos estaba acompañado de una niña bonita.
-¡Dieciocho! ¡Diecinueve!... -gritaban los chiquitos.
-¡Veinte!...”




La novela ya se encuentra en librerias para quien desee adquirirla.

MARVEL MORENO: LA ULTIMA VISITA. (ENTREGA FINAL)


SECCION LIBROS PARA SUS OJOS


ULTIMA PARTE

Por
Yuri de J. Ferrer Franco
Profesor Universidad Distrital









Del otro lado de la línea, Martine observa la vida de su amiga de infancia, camuflada en toda esa parafernalia dirigida a exhibir ante todos una imagen de “burguesa feliz” , que en lugar de ocultar, contribuye a mostrar el infierno de locura que la consume, cuyo fuego es avivado por la determinación de Nicole, quien está sellando también su condena al concertar un matrimonio que implica la renuncia a sus proyectos, a su carrera, reduciéndola a una vida sombría al lado de un comerciante sin perspectivas distintas a las de hacer dinero. La elección de Alice la perdió en su momento y Martine, menos talentosa pero triunfante, es reflejo viviente de lo que ella hubiera podido alcanzar de haber escogido el camino que la dirigía hacia sí misma y no el que la diluye de modo inexorable hacia la muerte. La más grande de las tragedias de Alice, aun sabiendo que lo ha perdido todo, es saberse imagen viva de lo que será su hija dentro de algunos años porque, como ella, se inclinó por la opción equivocada, escogió la renuncia en lugar de asumir el curso de la propia existencia.

La renuncia a la opción de vida adecuada termina matando también a Renata, hija de la inflexible Teresa Haddad, quien obliga a la muchacha a apartarse de “El hombre de las gardenias”, casándola con un ser mezquino y desalmado que la arrastra a una vida ruin. Una narradora-testigo, la hermanastra de Renata, reconstruye la sórdida historia de esta mujer débil e indefensa como un ave, que no osa contrariar las disposiciones de su madre, incluso sabiendo que se jugaba la vida, demostrando así que “tampoco tenía el suficiente coraje para asumir sus deseos” . La indefensión de Renata la conduce a la muerte que, ni la persistencia del enamorado, ni la intervención de su hermanastra, pueden evitar. Tal vez por eso la vemos sucumbir desde el comienzo del relato, en la miserable clínica capitalina donde su esposo la condenó a morir.

Mario y Marina, los gemelos que al mirarse frente a frente se sienten como ante “El espejo”, son los protagonistas del relato cuyo marco de composición es la carta que la tía de ambos escribe al abogado que asumirá la defensa de Mario, acusado de dar muerte a su esposa Cecilia. En la misiva la tía, testigo y narradora, revela los pormenores de la tortuosa relación de los gemelos que se aman desde la infancia con un sentimiento tan fuerte como los remordimientos y la culpa desencadenados por el incesto.

La pérdida de un hijo fruto del incesto y el matrimonio de Mario con Cecilia, hija de un acaudalado comerciante de la ciudad, generan en Marina un odio tremendo hacia su cuñada y rival a quien asesina liberándose del peso del rencor y los celos, mostrando a su hermano con este, acto para todos horrendo y demencial, cuan grande era el amor que sentía hacia él que, correspondiendo a esta loca y apasionada evidencia, se inculpa de la muerte de su mujer al no dar aviso a la policía cuando la encuentra desangrándose a causa de las quince cuchilladas recibidas de manos de Marina.

Honoria, la criada, al igual que Fidelia en “Oriane, tía Oriane”, es puente entre los hechos y la narradora quien, gracias a ella conoce muchos de los detalles previos y posteriores al crimen. El asesinato surge en el relato como elemento liberador por cuanto borra de la vida de los hermanos, la presencia de un tercero que alteró el curso de un amor condenado desde su nacimiento, de un amor impensable, imposible, pero existente como el de Oriana y Sergio, también unidos por la sangre, la pasión y la tragedia a través de una relación marcada por la sutileza y las entrelíneas de un misterio, sustituido en “El espejo”, por una claridad que llega a ser cruda e incluso violenta, cuando vemos después del asesinato, cómo Mario y Marina son descubiertos por la vieja criada, durmiendo “como si el ángel de la paz los cubriera con sus alas” , la una recostada al otro, en la sala de la casa donde horas antes ocurrieran los hechos.

Tampoco Matilde Campo puede renunciar al recuerdo del único amor de su vida. Al culto de ese sentimiento que la ata a Gregorio Ribeira, muerto en un absurdo accidente “El día del censo”, dedica obsesivamente toda su vida. El luto marca su juventud y se extiende hasta su madurez, cuando reaparece Eliana (prima de la narradora-testigo de este relato) quien intenta liberarla de la pena producida por este amor que constituye una mentira enorme, porque el mismo día de su fallecimiento, Gregorio iba a romper su compromiso matrimonial con Matilde para cortejarla a ella. Creyendo que al hacer conocer a Matilde el desamor de su novio lograría un cambio de ésta frente a la vida, Eliana le confiesa la verdad, una verdad que al ser vista en su cruel dimensión, deja sin piso la vida de la eterna novia conduciéndola a la muerte. Eliana, pragmática y a su manera feliz, no entiende desde su óptica cómo Matilde puede haber pasado la vida consagrada al sufrimiento; por ello baja a Gregorio Ribeira del pedestal que su novia le levantó, sin darse cuenta de que al hacerlo, le estaba arrebatando el único motivo que tenía para vivir.

Por el contrario para Ana María Alvarado, viva sombra de la muerte, es imposible desprenderse del mundo, de los ámbitos que fueron tumba en su existencia. Por eso regresa a ellos, para, desde el más allá, intentar liberar a Adriana, su nieta, del destino que la marca y la condena atándola por amor a un mediocre, a “un niño mimado, un señorito estéril” , que condiciona su amor y su compañía a la renuncia de la muchacha a sus proyectos de vida y trabajo, como el doctor Peredes lo hiciera con Cristina al arrancarla de la danza y de Europa para traerla a un sepulcro tropical con patio y galerías, en el que su belleza y gracia se apagaron; como el australiano lo hiciera también con Nicole, la hija de la frustrada Alice, en “El violín”.

“La sombra” lo penetra todo: la noche, el río, el mar, la ciénaga, el sueño de Adriana, el espíritu de la vieja Dionisia -criada, confidente y guarda de sus secretos más íntimos-, el sopor de una ciudad dormida (Barranquilla) que al ser descubierta en su identidad, lleva al fantasma a develar, a confirmar la suya propia:

(...) Y otra vez avanzando hacia el caño sacudiendo las aguas mientras a lo lejos se perfila la silueta de una ciudad. Mi dolor renace. ¿Por qué la tristeza me invade así? Yo no quisiera planear sobre este mercado de sórdido aspecto, ni contemplar los tejados de esos sucios edificios, pero sigo volando contra mi deseo, y bajo y subo, y de repente con asombro me descubro en la Plaza de San Nicolás. Ahora sé quién soy: fui Ana María Alvarado, esposa de Fernando Casola; fui la madre de Cristina, cuánto la lloré. Nada ni nadie pudieron consolarme de su, pérdida y arrastré su luto hasta el fin de mis días (...)

Ana María Alvarado de Casola no puede revivir a Cristina Casola de Peredes; por ella nada pudo hacer salvo verla desaparecer entre las brumas tediosas y mezquinas de un matrimonio con el que “creía haber atrapado al mundo en el justo momento de perderlo” , pero en el caso de Adriana Peredes Casola, su nieta, el amor adquiere una fuerza tal que la arrastra sacándola del hueco profundo de esa noche que es la muerte, para permitirle entrar en el sueño y el pensamiento de la muchacha para proyectarle lo que será su vida dentro de dos décadas: es así como Adriana se sueña,

Al final de un camino en el que todas las piedras son iguales, una mujer anesteciada y un poco triste que exalta la maternidad y se aburre en silencio, ha perdido sus ilusiones y a duras penas se reconoce una identidad. Ya no lee, ni piensa, ni tiene argumentos para discutirle al hombre de los cabellos rubios (...)

Y esta premonición que provoca la abuela-madre, se convierte en el llamado que Ana María deseaba, porque la lucidez se asoma a la mente de su nieta que al despertar sobresaltada de su sueño, reconoce las imposibilidades de su futura unión con el obtuso novio que desea convertirse en esposo. Cumplida su misión, “La sombra” torna de nuevo a la naturaleza. Otras sombras la protegen, se refugia en ellas con apenas la vaga sensación de haber sido alguien que sufrió.

Si para Adriana la posibilidad surge de la muerte misma, para Esteban Henríquez todo es imposible, salvo vender sus cuadros, arte de mentiras, de apariencias que el capricho de unos cuantos puso de moda en el ámbito de la pintura moderna de una gran ciudad europea. El lujo y las personas que lo rodean le llenan de un tedio infinito, distraído durante breve lapso por un animal, “El perrito”, que desde el aparador de una tienda veterinaria lo conmueve con sus jugueteos una tarde cualquiera. La visión del animal lo lleva a recordar con rabia su infancia oscura y precaria, gobernada por una madre insensible, como también lo lleva a su pasado más reciente en el que Isabel trabajaba como sirvienta para que él pudiese pintar en el cuartucho que, como pareja, compartían en París.

Isabel no corrió mejor suerte que “El perrito” que termina siendo expulsado del apartamento del pintor por haber impedido la venta de uno de sus cuadros. También ella fue echada a la calle porque, para el ya famoso y adinerado artista, era inaudito vivir con una mujer que:

(…) desconocía el arte de la seducción y los encantos del artificio. Con su manía de trenzarse el cabello parecía horriblemente latinoamericana. A él le resultaba incómodo presentarla a sus nuevos amigos cuando asistía a sus exposiciones.

En este, que es el único de los cuentos de El encuentro protagonizado por un hombre, la figura de una borrosa Isabel, genera una suerte de rechazo ante la crueldad de Henríquez, un figurón cuya fortuna se debe, en principio, al sacrificio y las humillaciones sufridas por la mujer que lo apostó todo a su causa movida por el amor que sentía, recibiendo a cambio un tiquete de regreso a Colombia, unos cuantos dólares y un par de cuadros con lo que se pretendía compensar el proceder injustificable de quien la repudiaba después de haberla utilizado.

También Ana Victoria, “La peregrina”, se ve precisada a afrontar la imposibilidad de ser aceptada por casi todos los demás en la justa dimensión de una sensualidad que la obliga a amar intensamente, sin frenos, a muchos hombres a la vez, transgrediéndolo todo, desafiando su posición social y el puritanismo católico de su familia, en especial, el de su madre, que la ve como un monstruo lujurioso, vil, quien la acosa y recrimina constantemente su actuar y la somete a la vejación del confesionario y los tratamientos médicos. Para los otros –menos para su difunto tío Luis y para Juan Miguel, el hombre al que elige por esposo– estaba enferma. Y como se habían explorado todas las curas posibles, incluidas la brujería, la medicina y los buenos oficios de su confesor, quedaba únicamente el recurso del milagro; éste podía darse en Irino, un pueblo cercano a Sevilla donde, se contaba, había un santo recién descubierto especializado en curar a los ninfómanos.

Ana Victoria acepta ir al peregrinaje para pedir al santo de Irino –que actuaba sólo una vez al año durante su procesión– una cura que en realidad no quiere, porque siente que al asumir toda la dimensión de su sexualidad, ha vivido en paz consigo misma. Pero las presiones de su madre son tan grandes y la bandera moral que enarbola golpea tan fuerte, que ella prefiere renunciar al goce antes que padecer la tortura de la eterna cantinela materna y la culpa por ésta edificada en lo más hondo de su ser.

En Irino, a pesar de sus propósitos y las esperanzas puestas por la madre en la milagrosa sanación, Ana Victoria comprueba que el único, el verdadero milagro, consiste en asumirse tal cual es, como lo había hecho hasta ahora. A esta conclusión llega entre los brazos de Pablo, un hombre con inclinaciones similares a las suyas, que se hospeda junto a su habitación en la única posada del pueblo. Allí se aman durante tres días hasta quedar exhaustos y cuando se percatan del paso del tiempo, la procesión ha pasado y la posibilidad de la indeseada cura queda aplazada para el año entrante. Se prometen entonces que doce meses después volverían a encontrarse durante el peregrinaje de Irino, pero no para obtener el alivio a su supuesto mal, sino para ejecutar de nuevo el prodigio del amor, usando todas las fuerzas de sus cuerpos irrefrenables y bien dotados que, por milagro, el santo de Irino no curó.

El relato que cierra El encuentro envuelve al lector en la magia de la Mina, el Tuy y la Curbata, tambores Mandinga que retumban en Barlovento anunciando el esperado retorno de Isabel, quien es sin saberlo hasta ese momento, partícipe de un pacto de amor sellado dos siglos antes por una antepasada suya, doña Juana María Arimendi, La Marquesa y que sus descendientes, hembras de dura estirpe, han respetado y perpetuado.

La desaparición misteriosa del cadáver de la niña Josefa, abuela de Isabel, quien al saberse moribunda pide que la lleven de Caracas a “Las Camelias”, su hacienda situada en la región del Cariaco a orillas del río San Juan, determina el regreso de Isabel a las misteriosas selvas en cuyo seno se ha concertado para ella una cita con el amor y con esa parte de sí misma que desconoce y empieza a presentir desde que la humedad y el calor de la región se apoderan de su ser.

Isabel va al rescate de un cuerpo que –no lo sabe– yace en el lecho del río, al lado del Mandinga que lo amó en vida, pero en lugar del cadáver de la anciana, descubre las posibilidades vivas, pero aún dormidas de su propio ser que (entre los brazos del negro que la arrastra hasta la hamaca para hacerle saber que había atrapado ya el mal de amor), comienza rituales nuevos y deliciosos que hasta ahora le habían sido negados y, de ahí en adelante, se prolongarán durante toda su vida, haciéndola volver a amar muchas veces a esa selva llena de ruidos y misterios que, en su hora, se convertirá también para ella en el sitio del retorno definitivo.

Isabel no puede liberarse de la predestinación, de la magia atrapada en el pacto secular que las hembras de su estirpe han renovado de generación en generación con los cimarrones de “Barlovento”; pero este destino no es prisión ni fatalidad, sino libertad, plenitud que la conduce a su verdadero yo y le revela la razón de ser de su existencia.

En los relatos de El encuentro la magia se mezcla con la realidad en su dimensión más cruda. Únicamente lo sobrenatural, lo mágico puede liberar a las mujeres que tienen la posibilidad de salvarse (Adriana, Adelaida, Ana Victoria e Isabel) de los destinos que las condenaban; las otras sucumben sin la fuerza necesaria para afrontar un medio adverso en el que la capacidad para decidir les ha sido negada.

Marvel Moreno tenía cincuenta y seis años al momento de morir, más de la mitad de los cuales había dedicado a la literatura, con un rigor y una pasión que, al aislarla del mundo externo, de Colombia y de su ciudad natal, la ataban a ellos a través de las historias que narraba y hoy testimonian, por siempre, su presencia entre nosotros.

Dos libros inéditos: El tiempo de las amazonas (novela), y un volumen de ocho cuentos, a los que la editorial francesa Côté des Femmes otorgó a modo de reconocimiento póstumo, el Premio Gabriela Mistral durante la Feria Internacional del Libro en Bogotá de 1996, esperan ver la luz después de la desaparición de la autora... Sus cenizas alcanzaron la inmensidad del mar, después de recorrer el cauce del Sena, en cuyas aguas fueron esparcidas, a petición suya, el 15 de junio de 1995, después de la cremación de su cuerpo en el legendario cementerio parisino de Père Lachaise.

Marvel Moreno: El Encuentro con la claridad y la magia (Cuarta Entrega)


ENTREGA UNO




Por

Yury de J. Ferrer Franco[1]

Especial Para La Moviola

Moreno, Marvel (1992). El encuentro y otros relatos.

Bogotá: El Áncora Editores.

Para los lectores de La Moviola, la cuarta y última entrega de reseñas dedicadas a la obra completa de la escritora barranquillera Marvel Moreno, con la renovada invitación de ir a sus relatos, listos para sus ojos que, afortunadamente, tienen siempre mucho por descubrir…

Recordemos las entregas anteriores: si Algo tan feo en la vida de una señora bien perfilaba la vida íntima de una ciudad y una sociedad a la que Marvel Moreno quería quitarle la máscara, arrancando de paso los antifaces de todas las ciudades y sociedades del mundo, intención que logra plenamente al terminar y publicar En diciembre llegaban las brisas; en El encuentro y otros relatos (1992), el avezado ojo femenino, enseñado a callar, guardar y esperar, entrenado para actuar con sigilo y en la sombra, reúne los elementos necesarios para mostrar una dimensión menos física y material de los hechos, para situarnos en el ámbito espiritual de las mujeres que desfilan ante el lector, exhibiendo sus maneras de sortear los escollos que le impone el enfrentarse a una sociedad ante la que, muchas veces, se encuentran maniatadas e inermes, pero frente a la que han comenzado a esgrimir sus armas.

El protagonismo de los espacios pasa en este libro a un segundo plano, la reconstrucción de los hechos se adentra más en los personajes, que en las influencias externas que pudieron determinar sus acciones. Barranquilla sigue viva en algunos de los textos como una presencia de la que Marvel Moreno no pudo desprenderse nunca, pero otros ámbitos hacer resonar también estas voces, otros escenarios llenan de sonidos nuevos las últimas historias publicadas por la escritora.

Siete de los cuentos que integran el volumen están narrados en tercera persona (“Una taza de té en Augsburgo”, “Sortilegios”, “El encuentro”, “El violín”, “El perrito”, “La peregrina” y “Barlovento”); en tres de ellos la narradora ha presenciado los hechos y es partícipe indirecta del desarrollo de la historia (“El hombre de las gardenias”, “El espejo” y “El día del censo”) y en uno (“La sombra”) es protagonista aún atormentada por su propia visión de la vida desde la muerte. En todos los relatos la imposibilidad es el fantasma que de antemano señala el derrotero, un destino que en nueve de los cuentos es fatídico, desgraciado y que sólo en “Sortilegios”, “La peregrina” y “Barlovento”, indica una ruta de libertad, aunque no de felicidad plena.

Los relatos que concertan El encuentro, son historias de la imposibilidad, el desamor y la muerte: imposibilidad de amar en Miranda Castro, quien comparte “Una taza de té en Augsburgo” con Frieda Pfeifer, la madre que la abandonara de niña en un hospicio de esa ciudad alemana, movida por presiones paternas y a la que busca con afán para, al final, no revelarle su identidad porque ello implicaría abrirse al perdón y, en consecuencia al amor, sentimiento que ella, hermosa, adinerada y joven se niega. Confirmar la existencia de Frieda, insignificante, vacía, plana, entrada ya en una intranquila vejez, es para Miranda, hija adoptiva y heredera principal de los bienes del millonario venezolano Lucio Castro, una suerte de reto, una manera de reafirmarse en su indolencia, manifiesta en el “destello metálico”[2] de su mirada, en la manipulación de los sentimientos de las mujeres y hombres que la amaron y desearon, quienes terminan huyendo de ella al reconocer en sus actos y en su propio cuerpo, tan hermoso como inútil, una calculada incapacidad de amar, trasformada en su interior en malentendida fortaleza y traducida en la agobiante soledad que debe adoptar como única forma de vida.

También la imposibilidad lleva a Adelaida, una joven pintora, a refugiarse en Deyá donde “Todo era muy bello entorno a ella, pero no podía pintarlo”[3], hasta que Frank, el jefe de los oscuros y temidos hombres de la montaña, quienes celebraban en las noches a la luz de inmensas hogueras ritos medievales, entregándose después a frenéticas orgías, le devuelve la confianza en sí, mediante los “Sortilegios” de un amor que la renueva como artista, pero que se evapora sin dejar otro rastro que el enigma y la incertidumbre. Al final, Adelaida sólo tiene el recuerdo inquietante de aquella única e irrepetible noche de amor y la eternidad del misterio: dos tesoros que quedan suspendidos en este relato que se cierra sobre sí mismo mostrándonos la imagen de una artista solitaria y evolucionada, abierta a las posibilidades de la creación, que de pronto evoca durante la Bienal São Paulo un pasado ya lejano, el de una noche en cuya magia y significado resulta mejor no pensar.

Tampoco Lucía puede ver la oportunidad que buscó siempre: “El encuentro” con el célebre actor Robert Harrison, cuyo beso (recibido cuando tenía trece años en un corredor del hotel El Prado de Barranquilla) “la arrancó de la infancia”[4] y la ató de modo definitivo a la vida de este hombre, sin que él siquiera lo sospechase. Después de la muerte de su madre, en el otoño de su vida, que ella pretendía convertir en primavera, Lucía sale de Barranquilla rumbo a Palma de Mallorca, donde es acogida por unos amigos que le ofrecen trabajo. En Puerto Andraitx, cerca de esa ciudad, está el yate de Harrison, una luminaria del cine, opacada ya por los años, para quien ella se había conservado joven y hermosa, recurriendo incluso a la cirugía estética, a la espera del día en que el destino los uniera... Y el destino, un destino burlón y tragicómico los reúne una noche, pero se ocupa también de impedir, valiéndose de la miopía de Lucía –quien por vanidad no usa sus lentes– que ella pueda reconocer en el desconocido que la aborda para invitarla una copa, al hombre buscado por sus ansias desde su ya remota adolescencia.

Este desencuentro convierte en inútiles todos los esfuerzos de la existencia de Lucía, dejando sin esperanzas el resto de una vida cuya razón de ser acaba de morir frente a sus propias narices. La miopía de Lucía no estaba sólo en sus ojos, también en la estrechez de su visión del mundo al enfrascarse en un juego nada más por ella conocido y manejado, que la convirtió en eterna y solitaria perdedora frente a sí misma, forjadora de las circunstancias que la convirtieron en su peor, en su más temida contrincante.

Alice se impone también barreras frente al arte y al amor, que al volverse objetivos inalcanzables por el absurdo accionar de la cobardía y la locura, la dejan sin vida propia. “El violín” y Cyrille, las dos pasiones de su existencia, están ahora entre las sombras: el uno relegado a un recuerdo sublime, el de la noche en que interpretó como nadie, por primera y única vez, la “Sonata de Kreutzer”, al tiempo que decidía para siempre abandonar el instrumento que le regalaba vida, que le daba sentido a su presencia en este mundo en tanto le permitía crear; el otro, Cyrille, su marido, era ya un espectro que la acompañaba, que inútilmente, “hacía cualquier cosa por demostrarle que la vida valía la pena”[5], que la ayudaba a superar sus crisis de anorexia y le proporcionaba los somníferos y tranquilizantes indispensables para sobrevivir, pero no compartía con ella desde el nacimiento de su hija Nicole, la calidez de la vida íntima que para ambos fue siempre frustrante y dieron por terminada, en silencio, a la manera de un tácito acuerdo, cuando Alice dio a luz. Después Nicole se convertiría en la única conexión de Alice con la vida y por eso el anuncio de su matrimonio con un australiano inculto que la alejaría de ella en forma definitiva, se le antojaba su sentencia de muerte.



[1] Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Facultad de Ciencias y Educación.

[2] Moreno, Marvel (1992). El encuentro y otros relatos. Bogotá: El Áncora, p. 9.

[3] Ibid, p. 21.

[4] Ibid. p. 32.

[5] Ibid. p. 51.







Continuara...