Mary and Max (2009) Reseña


Por

Pablo Hernández Díaz

Especial para La Moviola

Estudiante Medios Audiovisuales

Enfasis de Cine



La industria del cine en el planeta está claramente dominada por los productos que, todos los días, Hollywood mete en nuestros hogares y nuestras salas de cine. Este no cambia cuando hablamos de cine animado. Casi todos los niños del planeta han conocido las aventuras de Woody y sus amigos, los líos de una fábrica que usa gritos como energía y las aventuras de un ogro y su amigo burro en la tierra de Muy, Muy Lejano. Pero muy pocos en Occidente han visto las poesías creadas por Hayao Miyazaki, los surrealistas escenarios de Švankmajer o las innovaciones creativas de Yuri Norstein.

Si miramos más allá de nuestras salas de cine, incluso mucho más allá de nuestras fronteras encontraremos obras cercanas a nosotros, paradójicamente. Es así que llegamos al largometraje animado Mary and Max, dirigido por el australiano Adam Elliot. Este director había hecho ya cuatro cortos animados: Uncle (1996), Cousin (1998), Brother (1999) y Harvie Krumpet (2003), teniendo como relación la simplicidad que se traduce en un minimalismo claro y una animación bastante pausada.

Realizada con la técnica usual de Elliot que es el stop motion, Mary and Max cuenta con una gran atención al detalle. Como sus cortometrajes pasados, está realizado en monocromático, tal vez para respetar su propia regla o tal vez para resaltar los temas de los cuales habla la película.

Su primer largometraje es Mary and Max, una pequeña gran película que trata los temas de la soledad y la amistad bajo unos esquemas diferentes a los que siempre vemos. Mary es una niña australiana que vive en los suburbios de Melbourne. Vive una vida miserable con su madre alcohólica y su padre que se encierra para concentrarse en su pasatiempo de disecar aves. Además de esta precaria situación en el hogar, Mary tiene que soportar burlas en el colegio ya que nació con una mancha café en su frente y nadie la quiere porque piensan que es algo raro o la molestan diciéndole que es estiércol de algún animal.

Lejos de allí, en Nueva York, vive un anciano judío llamado Max. Es un hombre con sobre peso y grandes dificultades para relacionarse con los demás. Con frecuencia va a un psicólogo, a quien le informa todo lo que ocurre en su día. Max vive con varias mascotas en un pequeño apartamento.

Mary, aburrida y con muchas dudas sobre la vida, decide tomar un directorio de Estados Unidos en la oficina de correos, mientras su madre roba algunas estampillas. Antes de salir corriendo del lugar, Mary arranca un pedazo del directorio de donde elige la dirección de Max, a quien le empieza a escribir. Por largo tiempo, esta pareja sin igual intercambia

pensamientos, opiniones y dudas a través de cartas que en ocasiones se demoran en llegar más de lo que les gustaría. Mientras su amistad avanza, Max empieza a tener ataques más graves de ansiedad, causados por algunas preguntas de Mary que son muy privadas o afectan a Max de manera profunda como el hecho de preguntarle por el amor cuando él mismo nunca ha experimentado que es el amor en realidad.

Es interesante los dos personajes empiezan a crecer gracias a su amistad. Aunque nunca nos damos cuenta, la amistad es una relación de amor común en la que una persona toma algo de la otra y viceversa. Así como Mary empieza a ser un poco más segura a raíz de sus conversaciones y reflexiones con Max, este empieza a razonar sobre su modo de vida y sus costumbres. Ella ayuda que la obesidad de Max empeore mandándole diferentes tipos de dulces pero esto, en vez de hacerle daño a Max, lo ayuda a que mejore sus habilidades con la gente.

Pero llega el día en el que su correspondencia termina por culpa de una pregunta de Mary sobre el amor. Mientras Max es tratado por ansiedad por médicos, Mary se preocupa y guarda esperanzas de volverle a hablar pero como la vida sigue, crece y se casa con un vecino que siempre le gustó. Eventualmente, Max vuelve a tener correspondencia con Mary, explicándole que sufre del síndrome de Asperger, que causa sus dificultades para relacionarse con la gente. Mary, alegre por el regreso de Max a su vida, decide investigar en la universidad este tipo de desordenes mentales, después de heredar de su padre una gran cantidad de dinero. Max, mientras tanto, gana la lotería y consigue arias de las cosas que quería en la vida excepto un amigo de verdad. Mary hace su tesis basándose en Max, la cual decide publicar. Una copia es enviada a Max para que sea el primero en tenerla pero este tiene otro colapso, creyendo que Mary solo quería aprovecharse de él. Max, una vez más, termina la amistad con Mary, quien decide cancelar la publicación de su libro. En una gran depresión, a Mary la deja su esposo por un granjero neozelandés. Ella decide suicidarse pero la salva su vecino que sufre de agorafobia. Mary se da cuenta de que Max ha enviado un paquete de juguetes para disculparse con ella.

Aunque Mary viaja a New York para conocer a Max en persona, llega momentos después de la muerte de este. Pero ella no se entristece ya que se fija como Max había laminado todas sus cartas y las había pegado en el techo de su casa.

¿Acaso no nos vemos a nosotros mismo en ese pequeño mundo que Mary y Max crearon a través de su amistad? Todos necesitamos de alguien que nos explique cómo funciona el mundo y es esto lo que Mary busca de Max. Su madre es una alcohólica empedernida que no hace nada aparte de robar y su padre nunca le ha dedicado tiempo. Era apenas natural que Mary buscara a alguien más, siendo una niña. Y aunque Max nunca la buscó, Mary es justo lo que necesitaba para salir un poco de la burbuja que creó en su vida. Todos necesitamos que nos pongan atención, ser importantes para alguien y este es el punto central de la relación que Max tiene con Mary y viceversa. Son dos seres solitarios, como los

hay millones en este mundo, que viven sus vidas sin que se les note pero esta niña y este señor consiguieron que los escucharan y fue la casualidad de la vida las que los unió.

Mary y Max no siguen la misma religión, no provienen de la misma cultura, difieren en sus edades pero tienen un aspecto clave en común que es lo apartados que están de la vida. Max es un hombre que tuvo la oportunidad pero decidió seguir solo pero Mary es la niña que todos podemos ser: sola, temerosa de su entorno, que se siente denigrada por sus padres y que cree que nadie más sino la televisión puede entender lo que le gusta. Los llamados Noblets, dibujos animados adorados por Mary y Max, son el ejemplo de lo que a ellos y a nosotros nos gustaría ser y tener. En otras palabras, los Noblets simbolizan ese enorme grupo de amigos que ambos personajes les gustaría tener, con varias personalidades y apariencias, buenos amigos que a pesar de sus diferencias se unen y se ayudan. Como Mary y Max no tienen esto en su vida, es apenas lógico que lo busquen en desconocidos.

Ya desarrollada su relación, ellos empiezan a mostrar más y más de sus personalidades. Así como Mary se inquieta por el concepto del amor, Max cae en cuenta de sus ataques de ansiedad. Ambos, como se revela más tarde, sufren de depresión y es en ese punto en el que los que conocemos el concepto empezamos a comprender a los dos personajes y los que no saben mucho de la depresión empiezan a entender cómo funciona. Fallar en su carrera, como esposa, como hija y, peor aún, como amiga, son cosas que van minando el espíritu de Mary, siempre tan frágil. Es así que llega al punto de considerar al suicidio. Max seguramente también lo consideró, pero como nunca estuvo realmente expuesto a la gente, no se acercó al suicidio. La depresión de Max reside en no poder acercarse al mundo de manera regular. Como sufre del síndrome de Asperger, no puede acercarse a la gente sin sentir una presión ridícula que termina por sumirlo en una tristeza absoluta: ¿qué mejor prueba que su sueño más grande sea tener un amigo de verdad?

Aparte de sus temas sensibles a la piel y el cerebro de cualquier espectador pendiente, Mary and Max tiene una realización prodigiosa ya que aunque simplifica el mundo que vivimos, no deja de mostrar ciertos detalles de la vida que son importantes para los personajes, por lo tanto para nosotros. El amor de Max por el chocolate o el de Mary por la leche condensada hacen parte de esas pequeñas cosas que conforman nuestra vida y que son importantes para nosotros. Puede que a nadie le interese que color nos guste o que silla preferimos pero son estos gustos “sin importancia” que hacen la diferencia. Adam Elliot loga hacer un film animado en el que los detalles tienen la misma importancia que la que tienen en la realidad.

Cada uno de los personajes está perfectamente escrito y tiene una razón para existir. El vecino agorafobico de Mary es el ejemplo perfecto de superación pero necesitamos que el vecino esté encerrado en su casa casi hasta el final para que le transmita este poder a Mary y ella se decida a conocer por fin a su mejor amigo. Lo mismo pasa con la vecina de Max: es la única persona que es buena con él por naturaleza y por esto recibe su recompensa en forma de montones de dinero por la lotería.

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