Mostrando entradas con la etiqueta Camila Duarte / Cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Camila Duarte / Cine. Mostrar todas las entradas

¡Hurra! a la nueva carne:David Cronenberg





Por


Camila Duarte


Colaboradora habitual La Moviola







Y si ahora la Nueva Carne nos provoca en cada film terrorífico que ojeemos qué tendría de malo en complacernos con ver vísceras volar, mutaciones sin sentido, líquidos viscosos, lujuriosa sangre, engendros desconcertantes y toda clase de gore jamás imaginado. No tendría importancia ninguna explicación simplemente el deleite distopico del instinto salvaje a través del deseo de transformación y culminación de la vida eterna, y al cabo, que más placentero que poder ver en tele unos humanos envidiables por sus poderes mentales, su lujuria sin compromisos y su pasional deseo de venganza que arremeten a ti haciéndote anhelar un par de fantasías para poder destruir todo lo que tanto odias y sin mancharte de moral y la cultura que te rodea.

Al observar las películas de David Cronenberg que llegan al céfalo sin liviandades repentinamente hace que gustes del color rojo y todos los efectos especiales que transmutan lo corpóreo, seduciéndote entre cada tanto con excelentes maquillajes, escenografías muy bien atmosferadas y a la par de críticas del mundo que estandariza metafóricamente, hacen que instauren (como si oliesen asquerosamente) dentro de ti un asco por el ser y sobre todo por sus pasiones donde esas ambigüedades repulsivas te mantienen en un tira y afloje dentro de la ficción y lo único que quisieras provocar seria la realidad para en vivo y en directo cual voyerista deleitarte con la pululación de ideas tras sesos y texturas babosas, como si vomitaras pensamientos que emergen dentro de tu cuerpo. Es que cuando se arremeten las ansías por cambiar la percepción y detonar miles de disonancias coloreas, musicales y hasta táctiles se haría cualquier cosa, ¿o no?, dígame usted si la oferta dos por uno de un lado disfrutar observar y del otro obtener resultados perceptivos de gran magnitud no dan ganas de llevarse la promoción.

Por eso ha de elegir una entre mil frases de este director para aclamar al cine excluido de Cannes y pregonar sin reparos a la Estética de la Carne dentro del terror, como un subgénero muy bien esculpido por Cronenberg al moldear la realidad y la alucinación con lo objetual y subjetivo y destacar entre tantos films producidos independiente por él y su grupo de amigos de Cinepix de Toronto a Videodrome como una de las mas interesantes de sus obras dentro de la plasticidad aplicada, el subtexto empleado para la época ( mediados de 1983) y afirmar su estilo bajo las bases de un cine experimental que venia desarrollando desde 1975 en su primer largometraje The Fly .

Pausadamente entras y te acomodas para degustar un programa televisivo donde lo único que te impactaría es ver algo de pornografía cruda y sanguinaria, pero no, por el contrario vez imágenes que tratan de instaurar en ti ansiedad de conocimiento, sujetos dispuestos al maltrato cual cirujano que hará de ti tripas corazón, acompañados de humanos lamentándose, algo así que no llega a conclusiones escalofriantes, ni sangre, lentamente te instaura curiosidad morbosa. Y qué ves enseguida, tu misma imaginación se entromete en el jueguito sado y como victima o vengador decides tu papel en dicha prueba. Sin reparos alucinas por tu sed de fisgar así como Max Reen (protagonista Videodrome), quien al dirigir el canal televisivo es sorprendido por su nueva adquisición e intentara disgregar los efectos negativos de las ilusiones y su caos personal. Es la autodestrucción del ser por la satisfacción de sus deseos, extraña contracorriente cautivadora.

Es evidente que la corriente Kafkiana se entrometió muy a fondo en David, obvio en películas como Almuerzo Desnudo, Rabia, The Fly, Scaners, etc, donde esa necesidad de transformación alardea coloridamente para instaurar esa reflexión en torno al cuerpo y cerebro por su afán de curar una enfermedad mal llamada vida y a través de su experimentación para dar solución desencadena terroríficamente e impactantemente en mutaciones o transformaciones corporales donde no queda mas que decir que para este obsesionado con el mundo bizarro tiene una necesidad de mostrar las deformaciones que surgen en el cuerpo físico y psíquico gracias a los nuevos auges tecnológicos y las relaciones interpersonales.

Quizá referir la biografía de Cronenberg no sea suficiente para entender su comportamiento, pues este ser altamente calificado en cuanto a nociones científicas y literatas, deja boquiabierto a mas de uno con su intrepidez en el mundo plástico y fantástico de la moviola, y cuanto mas se necesita para asombrarse con su potencialidad imaginativa para desencadenar complicados ejercicios experimentales con seres humanos solo para juzgar la condición de humanos y demostrar que la realidad poco interesa y la ilusión es el bien mas querido. También se podría mencionar que la enfermedad que aquejo a su padre y años mas tarde algo de él, fue la consecuencia que lo llevo a proponer estas nuevas nociones del cine terrorífico a partir de las mutilaciones corporales y esquivar las tipificadas en el contexto gótico, donde entra a combatir nocivamente y sin restricción alguna los prejuicio por el sexo, la anarquía y la filosofía en medio de el caos.

Pero entonces los medios de comunicación se vuelven virus y malandros que quieren acaparar todos tus gustos, poseerte, configurar tu mente, transformarte y volverte imbécil para dominarte y es hora de reaccionar “larga vida a la nueva carne” es hora de que Max Renn de muerte a videodrome y su mano transmutada asesine a Barry Convex quien sabe del poder de las alucinaciones para acabar con la humidad y entre primeros planos viscosos los sesos hostigados de sangre dan la escena perfecta de putrefacción de un ser que no merece vivir, sesos y mas sesos. Paroxismo puro.

Pero no olvidemos que la nueva carne es esa otra existencia carnal inventiva y satisfactoria que esperamos tras la muerte, lo que me recuerda a Bianca O'Blivion y su necesidad de automutilación que la lleva a ser una participante dentro del videodrome y dentro de las alucinaciones de Max juega dentro de la tele con sus grandes labios seduciendo zoom in a las fantasías de este, para luego mostrarnos en planos mas generales como el poder televisivo aferra cada vez mas a nuestro protagonista por saciar su sed de imaginería violenta y gracias a la ventaja de tener en tu proyecto cinematográfico los efectos especiales de Rick Baker junto con Steve Johnson y su empresa EFX, que lograron a través de la simplicidad de elementos como el látex, la retroproyección y uno que otro cuerpo falso dar la mas sinuosa tentación de introducirte junto con Renn en esas alucinaciones llenas de crudeza, te tocas el pecho esperando que una vagina trate de auto comerte o auto introducirte un casette capaz de dañar tu mente también con el fin de deslizarte por el mundo onírico y escalofriante de la percepción de éste personaje entre paneos frontales, laterales y uno que otro contrapicado que entre cortes directos te hacen vibrar a manera de locura sobre la realidad que vive él.

Peor que todo este mundo surreal que a partir del minuto 40 del film nos entromete estilo biopic dentro de la vida de este director de televisión, es ver como Cronenberg juega con su alterego, induciéndonos a pesquisas donde estereotipamos dentro de la apariencia física al mismo director y su forma morbosa de ver el mundo, junto a esto una serie de juicios sobre tu obra cinematográfica, sobre lo que es verdaderamente correcto en la década Canadiense de los 80´s y censurar particularidades que engloban muy a fondo tu visión del mundo. Así esta producción franco canadiense estrenada en 1982, no vio la luz de las criticas sino tres años después y con a desfachatez de insinuar un largometraje no tan atrevido y suprimiendo en las partes más provocadoras, especialmente las que instaurar dialogo con el espectador como el momento mas hermoso donde Max accede a complacer el deseo de mutilación de Bianca, y entre paneos generales disfrutas de una escena erótica, sensual con perfectos toques sados que te hacen pensar en la fragilidad de tu cuerpo a la hora de nuevas inventivas en el campo sexual. Es que el sexo, uno de los placeres más carnales queda acá al descubierto, y desde el opening del film vemos una escena pues nada explicita de una muñequita japonesa sabes muy a fondo su simbología y sobre todo que significa para el oriente, algo con un toque corrosivo, que de una vez por todas te sumerge en 89 minutos de voyerismo.

Fotogramas del film que logran aterrorizar y explotar ese subtexto intelectual de Cronenberg podrían ubicarse en el recuerdo dentro de la escena donde Max delira dentro de videodrome azotando el televisor y dentro de este paneo la alegoría a la muerte televisiva dentro de el esquema sado que ha de producir placer a tu vista pues la engorrosa televisión en estos momentos del mundo se estaba ubicando dentro de los avances del mundo moderno y du poder de alienación ya se hacia visible, sobre todo en el momento que sale al mercado un aparato para que puedas regrabar todo lo que ves en la tele a lo que David encierra en la vida que da a un video casette, que respira y palpita tratando sugerentemente la idea de poder que tienen los medios tecnológicos; sobre todo la mano mecanizada del Renn al reconocer que su lucidez era frágil y fácilmente puede ser blanco de histerias de su interior para exponer su condición de deshumanidad por su fetiche por la tecnología lo que me recuerda a Shinya Tsukamoto y su film realizado años mas tarde llamado Tetzuo Iron Men y la idea del cyber punk alhajando desde distintas miradas la contaminación del hierro y el medio cibernético entrometido en la cotidianidad. Y por supuesto ambos films bocetados y producidos dentro del bajo presupuesto y con la iniciativa de un horror y/o terror dispuesto dentro del discurso autoral para configurar un estilo artístico independiente.

Pero esta metáfora de la nueva carne es mas trascendental que un simple slogan, dentro de la cine manía desligada del cine de autor instaurada por canes, es una propuesta reflexiva en cuanto la salvajidad que todos los humanos llevamos dentro, y gracias al gore, la sangre, tripas, métodos inconsistentes de violencia, estragos carnales, pasionales, es la alternativa mas novedosa para entrar a dialogar con ese problema que la cultura nos ha creado de dejar lo violento en segundo plano, reconociendo que es un tema que alberga todo contexto del mundo y su no reconocimiento desencadena miles de violaciones sin su debida exhortación por lo que se hace necesario recalcar dentro de las distopias esa vulnerabilidad expuesta crudamente para que la reflexión secrete.

David Cronenberg se posiciona dentro del cine de autor como un irreverente personaje que de mano de la ciencia y la literatura tiene la más grande convicción que a través de la crueldad tajante de sus films puede descubrir y redescubrir cómo funcionan las cosas en el universo por eso su apuesta a esta nueva tecnología La nueva Carne unión entre alma y cuerpo y como nueva extensión pues siempre hemos buscamos llegar a un placer por la nueva era tecnológica y sobre todo satisfacer la carne con aparatos electrónicos, por eso cabe alabar este gran autor que fue capaz de entender lo corpóreo como una realidad que en este plano real siempre buscamos complacer, una y mil veces ¡hurra! A la Nueva Carne.

RÁPIDO: SIN RETORNO…Dziga Vertov

Por
Camila Duarte
Especial para La Moviola




“...Soy un ojo fílmico, soy un ojo mecánico,
Una máquina que os muestra el mundo solamente como yo puedo verlo.”
“Lo principal y lo esencial es la cine-sensación del mundo”
Dziga Vertov




Apertura del telón, se divisa la unión soviética y Lenin, el triunfo de los Bolcheviques después de la revolución de Octubre, ejército rojo empoderando el cambio; ya no más Zar, el comunismo se propugna junto con la libertad. La economía se entabla dentro de los diálogos de la NEP; un fulgor de inapetencia se vislumbra más atrás, aceleradamente muere Lenin, la nación inicia el colapso. De un lado Stalin y Trotsky pelean la sucesión, el territorio ruso ha dado paso al socialismo con diversas miras y el comunismo se deteriora del colectivo popular. Inminentemente la industrialización ha cobrado vida, los sonidos de las maquinarias y la premisa del cambio con las nuevas economías se adentran en la nueva Rusia, Stalin hace un llamado al mundo, la nueva economía socialista debe ser acelerada y el partido obrero silenciado por su oposición, empiezan jornadas de trabajo superiores a las quince horas. El sueño de la democracia es eliminado, sonido de fusiles, el dictador ha iniciado su marcha y con aquellos aires llenos de nuboso futuro el “Plan Quinquenal” cede la preocupación a la industria pesada antes que dar de comer al pueblo.


El interior de aquella imagen se deteriora, el sueño de la realidad hostiga al observador, los gritos de crítica embalsaman el espíritu de los intelectuales. Al final del teatro las sillas están llenas de inconformes, algunos no han sido silenciados, se divisa la bohemia de la época, las nuevas tecnologías se filtran para fisgonear y quién vocifera las penurias de su gente, la cámara y el foco expectante que quieren hablar y narrar la época. Afuera del show las armas apuntan al espectador, la historia de la Rusia debe ser contada como es, no como se cree que es, el cine independiente teje su propuesta: un documental bajo el término Film Cine-Ojo.


Suscitan ideas dentro de la cabeza de Dziga Vertov: ausencia de guión, de actores, de decorados, de dirección, de trajes y de demás accesorios del proyecto cinematográfico, lo que en realidad debe ser contemplado bajo el lente de la cámara es la materialidad del mundo que parlotea en la década de 1920, las contrariedades de clases sociales, la vida cotidiana, el reconocimiento del obrero y el despertar de la masa para la sublevación. Marx viene del recuerdo “!Proletarios de todos los países, uníos¡” es hora de evidenciar lo que pasa en la vida real, dejar la ficción y dar paso a la crítica por medio de imágenes que expliciten lo que aqueja al pueblo. Dziga entona en sus propósitos un cine que a futuro será visto como base del cine documental, la cámara es entendida por él como una extensión del sentido de la vista ya que es capaz de moverse y vivir en cualquier espacio llevándose impresiones más perfectas, que explora concienzudamente el desorden de los fenómenos que pueblan el espacio. Se inicia la construcción de un proyecto fiscalizador y político: del lado artístico consolidara en el montaje los movimientos invertidos de la cámara, lenta o rápida, fotografía fija y en movimiento, mil imágenes alterando los sentidos a toda marcha, la metrópolis reconstruida a toda velocidad y silenciada porque no hay tiempo para pequeñeces, solo para la captura del instante que ya fue pasado. Rapidez.


Un hombre, una cámara, el futurismo visto desde la Rusia con el auge de las nuevas tecnologías que se abalanza hacia los espectadores, con una nueva vida, la industrialización está a flor de piel, y entonces, Vertov, apuesta a la construcción de un proyecto fílmico llamado “El hombre de la cámara”, varias historias entretejidas, camarógrafo, Rusia, máquinas, dinero. Y el intratexto de la persona que desde el foco encuadra y mira artísticamente su ciudad, su vida cotidiana. Etnográficamente Dziga divide su proyección sobre la ciudad, cual máquina que inicia su trabajo y que metafóricamente entre primeros planos de rostros, partes de maquinarias, espacios públicos y un tren que una y otra vez a lo largo del film va sin un rumbo fijo, solo transita y segmenta pero nunca detiene, recolectando sitios públicos transitados particularmente por los obreros y multitudes humildes que resaltados en saltos discontinuos de premura dan la esencia a la imagen acelerada que este cineasta retrata de su Rusia, del orbe alienado por el capital y la necesidad de expansión, la aglomeración sin sentido, la hipérbole de las masas obligadas a tener y a necesitar.


El ojo delator y debelador que se genera en torno a la maquinización de la vida, enseña que no todo es como parece ser. Lo que recuerda a Marinetti y su manifiesto futurista sobre qué quería en realidad del cine futurista “El cine es un arte per se. El cine no debe por lo tanto copiar nunca el escenario. El cine, siendo esencialmente visual, tiene que realizar antes de todo la evolución de la pintura: desprenderse de la realidad de la fotografía, de lo bonito y de lo solemne. Volverse antibonito, deformante, impresionista, sintético, dinámico, palabra libre”, a lo que Vertov responde fielmente, y a lo largo de 66 minutos de cine silente donde va propiciando reflexiones sobre el mundo deteriorado por una marcha que no tiene reversa, que propicia un desequilibrio tanto para el hombre como para la mujer y sobre todo los niños, implícitamente ello crítica al contexto que no se emancipa de lo público ni de lo privado y claramente juega con el espectador desde las visitas a una habitación, una fábrica, una máquina, un balneario, a fachadas de centros políticos, a parques, donde todo es vital para que cobre sentido y no linealidad pues los procesos que se generan a la par de la evolución de la nación contrarrestan el bienestar de los mismos. Este documental que puede ser visto dentro de la vanguardia futurista, evidencia lógicamente y explicaría que los pequeños detalles que pasan desapercibidos en un día común y corriente son los más claves para el estudio minucioso de una nación que tiene olvidados, es insigne reconocer que entre más se ve poco se sabe del mundo tal y como es y con ayuda de la fragmentación de la realidad que aleatoriamente construye una forma de vida, y que escapa de entendimiento pero que como una monótona rutina configura la supervivencia de una nación al borde de estallar por la “sapiencia” del dictador, plasma la verdad universal del pueblo subyugado que necesita despertar y desprenderse de los hilos mágicos con que son manipulados.


Así, el film inicia un diálogo adentrándonos en lo más popular y allegado del colectivo humano con ligereza inicial, como un despertar, donde primeros planos de aquellos lugares íntimos y la invitación desde el proscenio del teatro invitan a vislumbrar la incapacidad humana por el progreso y la ironía de la polis entablada bajo los diálogos de los que tienen y los que no tienen. Vagamente se esclarece una continuidad u orden que parece una sensación de avidez con que el director quería exponer su fuerte conocimiento del movimiento, y que ambiguamente se representa en las pequeñas partes de las maquinarias sin estar trabajando hasta la cumbre de su capacidad para producir, mil y un formas que incesantemente consignan ese escándalo por el florecimiento del intelecto humano dentro del estándar máquina que desencadeno su intelectualidad. Pero también el símbolo se cuela entre rejas, unas ventanas vinculan su catarsis al hecho surreal de abrir caminos de entendimiento o cerrarlos, ruedas que giran a toda velocidad en alegoría a la pérdida de cabeza por “cultura” además de actas de matrimoniales y de separación y el camarógrafo agigantado entre las masas es el único erudito que fija su atención ocular para congelar el hecho mundano: los vicios desde las tabacaleras, medios de comunicación, y en contraprestación la crudeza del destino, la vida de las minas, las fábricas de aleaciones y miles de obreros deambulando e intentando luchar por las ideas utópicas de igualdad.


Entonces surge una cuestión que no puede ser desapercibida: Vertov con el consejo de los tres (Kinoks) realizaban un experimento cinematográfico, matemático o revolucionario, o por el contrario citaba las bases del documental y eliminaba su premisa de futurista para adentrarse en la mezcla de teatro, literatura y poética. La pregunta distancia las mil y un posibilidades por el encasillamiento de sus tantas respuestas pero se esclarecería que gracias a él como precursor del cine mudo soviético antes que Pudovkin o Eisenstein, opto por una revolución social, política y artística que no puede ser separada, y cuanto más ya que se dirigía a todo el pueblo ruso pero ensimismado en expandirse al mundo y trastocar tanto América, Asia y Europa. Nace entonces aquel Cine-ojo y Radio-ojo como una sinfonía que explora la vida citadina e inserta el toque marxista, aleja toda la academia y por medio de montajes alborotados o/y collages de imágenes enseñan la vida tal cual es.


Los Kinoks de la época ensamblaron el gran eslabón para soslayar lo que hoy es el documental, tras mirar una y otra vez “El hombre y la cámara” se percibe que el intento mudo a veces recae en el experimento, las reflexiones viran pero no participan, el ojo cámara no deja de ser eso, es como el acusador que señala pero no argumenta, para ser el primer intento hay que ameritar el barrido de fotografías rudas, mecánicas, intimas, publicas, pero también subrayar que ante tanta apoteosis que bombardea la psiquis el rescate de signos es insuficiente a no ser que el espectador conozca a priori los procesos de revolución de la unión soviética además de las figuras que trascendieron y dieron forma a la sociedad del momento. No es decir que fue intento fallido, pero la apuesta se hubiera engrandecido bastante si dentro del subtexto se alternara más imágenes desastrosas, obviamente no de crudeza ni de salvajismo, pero sí de contexto, para que el film visto a posteriori se tomara como un documental histórico y no como intento de documental.
La suntuosidad del film enmudecido es que se desplaza entre las nuevas vanguardias después de la guerra, algo surreal y algo dada, pero retoma el futurismo no totalitario sino con postura hacia la izquierda, donde un tren que siempre se muestra en segmentación de planos, alude a ese viaje sin retorno y sin rumbo fijo que se narra en el género fantástico y de horror y que fielmente alegoriza esa marcha en decadencia por la evolución de la máquina y la deshumanización del hombre a toda velocidad. A lo que una agraciada invitación a la danza hace un guiño de felicidad de que todo no es tan febril por los esfuerzos mortales y entre stop motions y planos generales la segmentación hombre-mujer vincula esa eterna indeterminación que balancea la esfera terrestre, el ser o no ser, la vida, la muerte, el día, la noche. Una Rusia variada, trabajo, espacios de esparcimiento, también hay espacio para niños sonrientes y expectantes y entre tanto cúmulo de ideas la Invitación al radio ojo, en vísperas de su aparición se ideograma en varias orejas dispuestas y diferentes establecimientos donde convergen consignas y efigies de Lenin y Marx. La idea de progreso apresurada y nada que hacer. El futurismo en pleno auge, la cámara como medio atractivo y perfecto transmisor de información. Una nación representa las luchas internas y externas de un individuo frente a sí mismo y frente al mundo.


Dziga filtro entre tanta palabrería fotográfica sinestesia que entra por los poros, observar el documental mudo, provee de música al receptor, es una obertura entre cada tanto esquemático, pues los posicionamientos de cámara y angulaciones hechos al parecer por el azar sumergen en ritmos sucedáneos que hacen vibrar las retinas que conjuntamente al blanco y negro de la cinta insinúan intermitencias de color; los páneos barruntados de gentes lánguidas suenan a melancolía, travellings en 3600 de multitudes evocan intranquilidad y aspereza, zoom in de manufactura de hachas, anciana llorando, heridos, ambulancias hincan sabores de lágrimas y sangre. Los montajes paralelos de mujeres galantes y obreras dialogan y la dureza se estremece por la piel de quién vigila en ambos casos, camarógrafo y espectador. El gigante con su cámara desde arriba vigila todos los procesos de la polis, y un piano tocado por manos agiles presagian el dominio del ojo vigía atemorizando y divirtiendo tanto que casi al final del film, el montaje del palacio ruso quebrantado en dos depura la idea de una nueva nación en manos de quien la ha merodeado y se atreve a acusar.


Al finalizar aquella sinfonía la cámara cinematográfica danza en fotogramas a estilo stop motion, ella fino tentáculo que cautiva, enternece, juzga, envilece, mira, regaña, apunta, atestigua, danza con tranquilidad y alegoriza la nueva etapa del arte crítico que se acompaña con el cierre focal y el ojo intimidando al espectador, induciéndolo a una nueva pregunta: es usted observador u observado; la transparencia de esta última imagen del ojo cerrado que baja el telón y llevado al fundido negro farfulla el recuerdo de un presente, de un ahora que quizá pudo ser o que es, del avance, del retroceso, de la pérdida o de la ganancia, del ir o venir, del vivir o morir, hasta de qué es en realidad un ser, un engranaje de la gran maquinaria nacional, o una tuerca inservible.


Por último es mención aclarar que la ayuda de Svilova, esposa de Vertov, quien monto este experimento visual, se ayudó de noticiarios y periódicos, de sumergirse antropológicamente con sus gentes y revivir a flor de piel esos aquejos de la Rusia de la postguerra además de ser ojo fisgón crítico.


Se creería reiteradamente que este proyecto caería indudablemente, una y otra vez dentro de la ambigüedad cinematográfica, tanto por ser una primera parte de un género de gran importancia ( el documental), y visto también como un juego de niños revolucionarios con cámara en mano y ganas de salir a merodear sus alrededores haber que podía ser rescatado y estigmatizar un poco más su patria; pero la alternancia que se constituyó en el intento es ese eterno retorno, al ir y venir dentro de paradigmas o subjetividades, avances fugaces e intrínsecos del mismo desarrollo del pensamiento, una puesta en marcha que se encierra muy simbólicamente en el tren, que para Freud seria aquel cambio de estado probablemente prudente de maduración que lleva consigo su equipaje consabido como la memoria, y muy notablemente lo acentúa Vertov con la disolvencia de fotogramas de los trenes en un mismo plano, que representaría esa huida pero permanencia de la fluidez por las maquinas, por estar e irse, dispersión, automación por crear las máquinas y por necesitarlas. Queda nada más que la pretensión del desarrollo y la avidez con que se sube al conocimiento del desconocimiento, un tiquete para huir, pero una valija para recordar, un tiquete para redimir y mil ansias para llegar al final, un destino recto que se curva por las inapetencias del contexto pero que transmuta en consideraciones a favor del desarrollo y sobre todo de ir mas allá evocando el punto de partida, provocando reflexiones y hasta quizá la pérdida de la cabeza.